Intervención ante la 36° sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas

Señor Presidente, altas autoridades:

Me dirijo a este Consejo de Derechos Humanos, en nombre del pueblo de la República Bolivariana de Venezuela y de su Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros. Hoy es 11 de septiembre. Fecha triste en nuestro continente. En el sur, en Chile, en 1973, una acción militar golpista y terrorista fulminó una hermosa experiencia democrática y desató un régimen de terror que gobernó sin clemencia durante 17 años, cometiendo violaciones múltiples a derechos humanos que aún hoy esperan por la justicia. Detrás del golpe y la muerte de Allende, se demostró la participación confesa los Estados Unidos de América.

En 2001 también, los ataques terroristas atroces en Nueva York, no solamente provocaron muerte y dolor para el pueblo estadounidense, sino que se convirtieron en pretexto para generar guerras crueles en Afganistán e Irak, guerras que aún perduran. En Irak, por ejemplo, una guerra desatada sin la aprobación de Naciones Unidas, se tradujo en bombardeos a la población civil, la devastadora destrucción del patrimonio cultural, la infraestructura y los servicios. Un millón de muertos y quien sabe cuántos heridos y lisiados más tarde, el gobierno de Estados Unidos confesó no haber encontrado rastro de las armas de destrucción masiva, argumento que sirvió de justificación de la invasión, mucho menos encontraron vínculos del derrocado gobierno iraquí con los ataques del 11 de septiembre en Nueva York.

Hacemos referencia a estos 11 de septiembre, porque el terrorismo, en cualquiera de sus modalidades, bien sea por parte de Estados que se arrogan el derecho a intervenir en todo el mundo por antojo, como de grupos violentos anárquicos que amenazan hoy la estabilidad mundial, representan una grave amenaza contra la paz y estabilidad mundial. Los despojos coloniales y estas modalidades combinadas y a veces vinculadas de terrorismo, han provocado masivas migraciones y guerras intestinas sangrientas en los países a los cuales el imperialismo moderno pretendió controlar para asegurarse sus recursos naturales. Sociedades hoy sin garantía alguna de sus DDHH, tanto en sus países como en los procesos de migración.

Venimos a este Consejo en defensa de la verdad de Venezuela. Pero también venimos en defensa de los principios de ese esfuerzo colectivo por construir una institucionalidad verdaderamente comprometida con los pueblos y no al servicio de las agendas de dominación de los poderosos del mundo.

Señor Presidente;

En 1993 los Estados que integran esta Organización de Naciones Unidas aprobaron la “Declaración y el Programa de Acción de Viena“, expresando allí el consenso sobre cuestiones fundamentales en materia de derechos humanos entre las naciones con diferentes riquezas culturales y en diferentes niveles de desarrollo. La Declaración de Viena estableció con absoluta claridad los grandes principios que deben regir el examen de los asuntos de derechos humanos:

La creación de este Consejo de Derechos Humanos en el año 2005 fue la oportunidad para ratificar y profundizar los principios surgidos de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos. Según su carta fundacional, este importante órgano del sistema de Naciones Unidas surgió reconociendo la importancia de: “garantizar la universalidad, objetividad y no selectividad en el examen de las cuestiones de derechos humanos y de eliminar la aplicación de un doble rasero y la politización” en ese examen.

Lamentablemente, señor presidente y distinguidos representantes permanentes, la historia reciente está plagada de casos donde el uso político, selectivo y parcializado del tema de los derechos humanos es la estrategia empleada por parte de aquéllos que buscan imponer una sola visión del mundo, en clara violación de las normas y principios universalmente aceptados en esta materia.

La estrategia que han aplicado contra mi país desde algunos centros de poder, es claro ejemplo del uso de los derechos humanos como arma política con fines de dominación. Día tras día se vierten acusaciones sin fundamento sobre la situación de derechos humanos en Venezuela.

En noviembre de 2015, el Presidente Nicolás Maduro, en esta misma sala, alertó sobre la imperiosa necesidad de perfeccionar el sistema de Naciones Unidas, sobre todo este Consejo de Derechos Humanos, a los fines de evitar que los organismos sean convertidos en arma política contra gobiernos y procesos independentistas y soberanos. Esa alerta conserva hoy plena vigencia. Es necesario proteger este importante órgano de las amenazantes pretensiones de una burocracia que intenta desesperadamente desconocer y suplantar la voluntad soberana de los Estados aquí representados.

Venezuela está profundamente comprometida en cooperar con el Consejo de Derechos Humanos y sus mecanismos, a fin de lograr que se consolide como un órgano eficiente, objetivo y fiel a los verdaderos principios que sirven de base a los derechos humanos. Un órgano que contribuya a impulsar la promoción y protección de todos los derechos humanos.

Por ello, nuestro país ha venido permanentemente informando y denunciando ante este Consejo y otras instancias del Sistema de Naciones Unidas, el comportamiento selectivo, parcializado y politizado de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en contra de Venezuela. Las más recientes acciones de esa oficina confirman todas nuestras denuncias. La Oficina del Alto Comisionado debe realizar sus actividades en estricto cumplimiento del mandato establecido por la Asamblea General, actuando a solicitud de los Estados Miembros, sin extralimitarse en sus funciones. Su trabajo debe ser objetivo e imparcial. Los recientes intentos de informes contra Venezuela, carecen de rigor metodológico, son infundados, inducidos y direccionados para perturbar la soberanía, la paz y la estabilidad de nuestro Pueblo.

Hoy mismo en la mañana el Alto Comisionado para los Derechos Humanos hizo referencia a supuestos informes contra Venezuela.

Con todo respeto, pero con la firmeza y la moral que nos otorga nuestro pueblo valeroso, su historia y luchas por la libertad, le exigimos al señor Alto Comisionado para los Derechos Humanos que cese la agresión contra Venezuela a través de informes que no cuentan con el mandato de los estados miembros, pero que además están plagados de mentiras, datos incomprobables, argumentos tergiversados y ofensa a nuestro país. Nos preguntamos a veces si la Oficina del Alto Comisionado actúa bajo las normas de este Consejo y la Asamblea General. En ocasiones parece responder a a intereses inconfesables.

Si algún país puede ser cuestionado por violación de derechos humanos y debe evaluado objetivamente por este cuerpo, es precisamente Estados Unidos; violaciones a derechos humanos tales como: guerras ilegales, bloqueos económicos, medidas coercitivas, muros indignos para separar a los pueblos, cárceles ilegales como Guantánamo, cárceles secretas de la CIA donde secuestran y torturan a ciudadanos del mundo, entre otras muchas,
Señor Presidente,

Entre los meses de abril y julio de 2017 Venezuela fue el escenario de una nueva escalada de violencia política promovida por sectores de la oposición al Gobierno del Presidente Nicolás Maduro. Durante estos cuatro meses los venezolanos estuvimos sometidos a diversas expresiones de violencia, como parte de una estrategia recurrente utilizada para intentar dirimir las diferencias políticas que existen en nuestro sistema democrático, por vías inconstitucionales.

Durante estas acciones, los grupos antigubernamentales recurrieron de manera sistemática al uso de armas de fuego; colocación de barricadas y trampas mortales; uso de armas de fabricación casera y explosivos, configurando un patrón de daño a civiles y a efectivos de los cuerpos de seguridad, en violación de los principios de la manifestación pacífica consagrados en nuestra Constitución y en los tratados internacionales.
El resultado de estas acciones fue la lamentable pérdida de 121 vidas humanas, cifra que dio el Ministerio Público de Venezuela con la anterior gestión. La mayoría de estas muertes son directamente atribuibles al accionar violento de los grupos antigubernamentales.

Más de 829 funcionarios de los cuerpos de seguridad lesionados, incluidos 73 heridos por arma de fuego y 913 ataques contra hospitales, escuelas, centros de distribución de alimentos y demás organismos encargados de la garantía de los derechos humanos. Incluso una organización no gubernamental con estatus consultivo fue atacada en diversas ocasiones por los grupos violentos. En 16 de los casos se estableció el uso desproporcionado de la fuerza como motivo y todos los funcionarios están puestos a la orden de la justicia venezolana.

En este período los grupos violentos desarrollaron dos prácticas inéditas en la historia reciente de nuestro país: la primera, aunque no lo crean en este Consejo, incendiar vivas a las personas en razón de su opinión política, incluso, de su apariencia.

La segunda de estas prácticas altamente cuestionable fue la utilización de niños, niñas y adolescentes para preparar bombas incendiarias, custodiar barricadas y agredir a los funcionarios de los cuerpos de seguridad. Esta práctica dio lugar a diversos pronunciamientos de UNICEF en Venezuela, los cuales aprovechamos la ocasión para agradecer. Es la verdad de Venezuela que ha sido deliberadamente omitida por los medios de comunicación, por algunos Estados y por la oficina del Alto Comisionado de derechos humanos.

Señor Presidente;

En los últimos años la República Bolivariana de Venezuela ha sido sometida a una agresión multiforme contra su economía, que incluye el contrabando de extracción, la manipulación del precio internacional del petróleo, el férreo ataque a su moneda, la perforación del sistema de precios y el bloqueo económico y financiero, entre otras medidas destinadas a detener el proceso de desarrollo económico en nuestro país, esas han sido parte de la receta. Detrás de todas esas acciones se encuentra el desespero imperial por destruir la paz, la estabilidad, la democracia y las instituciones de la Venezuela y con ello controlar las mayores reservas de petróleo del planeta, el gas, el oro, el diamante, el coltán, el torio, y las reservas acuíferas y diversidades biológicas más importantes.

En este marco, el 11 de agosto de este año, el propio Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con usar la fuerza militar para intervenir en Venezuela. No conforme con ello, el 25 de agosto, el Gobierno imperial impuso medidas coercitivas unilaterales contra la República Bolivariana de Venezuela, formalizando groseramente los mecanismos de agresión económica que se han venido desarrollando contra Venezuela a partir del año 2013.

Estas medidas dañinas contra nuestros instrumentos financieros e industria petrolera, vulneran los derechos humanos de nuestro pueblo, así como el bloqueo ilegal contra la hermana república de Cuba, extendido por un año más el pasado viernes, ha violado los derechos humanos del pueblo de Martí durante más de 55 años.

Este Consejo ha reconocido que las medidas coercitivas unilaterales son contrarias al derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y las normas y principios que regulan las relaciones pacíficas entre los Estados.

Por ello hoy, en esta sala, denunciamos ante el Consejo las ilegítimas e ilegales sanciones ilegales impuestas unilateralmente contra Venezuela para atacar el modelo de derechos humanos de la Revolución Bolivariana y provocar dificultades y sufrimientos al Pueblo venezolano.

Señor Presidente;

A pesar de las agresiones imperiales, Venezuela no ha dejado de desarrollar su modelo de protección de DDHH. El nuestro, sigue siendo uno de los países menos desiguales del continente americano. El 73% de nuestro presupuesto está destinado a la inversión social. El Índice de Desarrollo Humano pasó en Venezuela en menos de 15 años de Medio a Alto ubicándose actualmente en 0,76. En Venezuela para este año 2017, nueve de cada diez personas con derecho a pensión de seguridad social disfrutan de este derecho, acercándonos.

En los últimos 5 años se han construido y entregado más de 1.737.166 viviendas. Desde el año pasado el 100% de nuestros compatriotas cuentan con cobertura gratuita y de calidad en atención primaria de salud. Nada ni nadie podrá detenernos.

El Plan Nacional de Derechos Humanos, anunciado por el Presidente Nicolás Maduro ante este Consejo en noviembre de 2015 y aprobado en febrero de 2016 continúa en plena implementación. Aquí lo tenemos, fue presentado ante este Consejo. Este Plan fue el resultado de un amplio e inclusivo proceso de consulta pública. Se trata de una medida histórica, pues en Venezuela nunca había elaborado un Plan de esta naturaleza.

Señor Presidente;

Venezuela tiene hoy un sólido modelo de democracia participativa y protagónica, donde es el pueblo quien define y rige los destinos de nuestra nación. En los últimos 18 años en Venezuela se han realizado 22 procesos electorales, convirtiendo el ejercicio del derecho al sufragio en una práctica cotidiana para nuestro pueblo.

La más reciente elección se realizó el 30 de julio para escoger los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente. En octubre de este año el pueblo venezolano volverá a ejercer su derecho al voto para escoger gobernadores de Estado. Ayer, Sr. Presidente, la oposición venezolana desarrolló en paz sus elecciones primarias para definir sus candidatos a las gobernaciones; apenas hubo una trifulca entre partidos de la oposición venezolana en el Estado Zulia.

Gracias al Diálogo y a la Asamblea Nacional Constituyente, la oposición en Venezuela, parece retornar al camino de la legalidad y la democracia, muy pronto, seremos testigos también de señales del proceso de diálogo, gracias a la mediación de amigos y a la voluntad del Presidente Nicolás Maduro.

La elección de la Asamblea Nacional Constituyente ha devuelto la paz al país, luego de más de cuatro meses de acciones violentas protagonizadas por sectores extremos de la oposición. Esta Asamblea Constituyente, de conformidad con la Constitución y la doctrina jurídica nacional e internacional, es la máxima expresión del poder soberano del pueblo y se encuentra facultada para transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución.

Es importante señalar que en Venezuela, la última muerte y la última protesta se registró el 30 de julio, día de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente. Desde entonces, aunque los medios de comunicación así no lo señalen, ni lo reporte la Oficina del Alto Comisionado, nuestro país está en la más absoluta paz.

En cumplimiento de su labor, la Asamblea Nacional Constituyente creó la Comisión para la Verdad, la Justicia, la Paz y la Tranquilidad Pública. Esta Comisión será la encargada de investigar los hechos de violencia por motivos políticos ocurridos en Venezuela desde 1999 hasta julio de 2017.

Señor Presidente;

Venezuela, al frente de la Presidencia del Movimiento de de Países No Alineados, procurará seguir avanzando en la protección y promoción de los derechos humanos en el mundo, incluyendo el derecho al desarrollo. Saludamos la creación por parte de este Consejo, del Relator Especial sobre el derecho al desarrollo y reiteramos todo el apoyo de los 120 estados del MNOAL a su mandato. También desde el MNOAL continuaremos rechazando las medidas coercitivas unilaterales la promulgación de leyes extraterritoriales, que obstaculizan el disfrute de los derechos humanos y vulneran la soberanía de los estados.

Venezuela y el MNOAL reiteran su apoyo a la causa Palestina, al derecho inalienable de ese histórico pueblo en resistencia a la autodeterminación, a ser un Estado Libre e Independiente, sobre la base de las fronteras establecidas por la ONU en 1967. Basta de aceptar impunemente la violación permanente a los derechos humanos del Pueblo Palestino.

Presidente,

Venezuela ratifica su plena disposición de cooperar con el sistema de Naciones Unidas y este Consejo de Derechos Humanos. Como parte de esta voluntad, me permito anunciarle que nuestro país ha decidido formular la invitación a tres procedimientos especiales de este Consejo para visitar Venezuela en los próximos meses.

De igual forma, hay que decir lo bueno y lo malo, Venezuela está solicitando cooperación técnica a la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos para la implementación de las 193 recomendaciones aceptadas en el marco del Examen Periódico Universal, reconociendo la importancia de ese mecanismo de diálogo constructivo e intercambio de buenas prácticas entre los Estados.

Como dijo nuestro Presidente Nicolás Maduro en esta misma Sala: “No será la primera vez que derrumbemos las mentiras con la poderosa fuerza de la verdad que tiene nuestra Patria”.

El Comandante Hugo Chávez, siempre nos recordaba al Libertador Simón Bolívar cuando nos anunciaba en 1819 lo siguiente: “el sistema de gobierno más perfecto es aquel que le brinda a su pueblo la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”.

Para la Venezuela Bolivariana, para la diplomacia Bolivariana de Paz, parafraseando a Bolívar, el objetivo fundamental es construir un sistema internacional donde se procure a los pueblos del mundo la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de independencia y estabilidad política y económica, es decir, un mundo donde se respeten y se garantice el pleno disfrute de los derechos humanos, respetando los valores y principios del Derecho Internacional.

En nombre del Presidente Nicolás Maduro y del Pueblo Bolivariano de Venezuela, le agradecemos Sr. Presidente esta oportunidad.

El país que es punta de lanza de la agresión contra Venezuela

Reflexiones de un intelectual colombiano sobre la realidad de su país y los ataques a Venezuela !Nos duele Colombia!


Renán Vega Cantor, historiador.
Renán Vega Cantor, historiador colombiano
“Hay que invadir militarmente a Colombia para apoderarse de las riquezas de Venezuela”. Paul Coverdale, Senador de los Estados Unidos y ponente del Plan Colombia, 1999

Estimados compañeros y compañeras de Buenos Aires:

Les escribo desde un país que exhibe los peores indicadores de terrorismo de Estado y de violación de los derechos humanos en Sudamérica. En ese país en donde se han asesinado a 3000 dirigentes sindicales en los últimos 30 años (un promedio de cien por año), y apenas hace cuatro días fue asesinado Mauricio Fernando Vélez, vicepresidente del sindicato de trabajadores de la Universidad del Valle.

En ese país han sido asesinados unos doscientos dirigentes sociales y populares en los últimos dos años, como es el caso del líder de la población afrodescendiente Bernardo Cuero, asesinado el 7 de junio.

En ese país está en marcha un feminicidio abierto contra las mujeres pobres y trabajadores, 400 de las cuales han sido asesinadas en el primer semestre del 2017, como expresión del machismo clerical que aquí impera. Uno de esos casos se presentó en diciembre de 2016, cuando un individuo perteneciente a las clases dominantes, de nombre Rafael Uribe Noguera, un “hombre de bien”, como dicen los medios de desinformación, quien con sevicia secuestró, violó, torturó y asesinó a la niña Yuliana Samboni, hija de una familia de desplazados de una comunidad indígena del Cauca.

En ese país, según denunciaba Amnistía Internacional a finales de abril de 2017, se presenta una “ola de asesinatos de indígenas”. El 19 de abril fue asesinado Gerson Acosta, gobernador del Resguardo Kite Kiwe, en el municipio de Timbio, Cauca, a pesar de contar con medidas de protección del Estado.

En ese país fueron asesinados más de 500 defensores de Derechos Humanos en los últimos 10 años, 80 de ellos en el 2016. En promedio cada cuatro días es asesinado un defensor de derechos humanos.

En ese país fueron asesinados 107 ambientalistas en el 2016, algo que no resulta sorprendente si tenemos en cuenta que este mismo país es uno de los más biodiversos del planeta, y sus variadas riquezas naturales están en la mira de grandes empresas transnacionales, que suelen financiar a sicarios y asesinos paramilitares.

En ese país se presenta la mayor cantidad de desplazados internos de todo el mundo, puesto que según informaciones del Consejo Mundial para Refugiados, hasta diciembre de 2016 se habían expulsado a 7,2 millones de personas de sus tierras y lugares de residencia, superando a países como Irak, Siria, Sudan o Libia.

En ese país han sido asesinados ya cuatro miembros de una insurgencia desmovilizada, apenas habían salido de la cárcel (recordemos que el actual presidente de ese país continuamente anunciaba el dilema de “La cárcel o la muerte”, pero ahora parce haberse actualizado el eslogan con el dicho de Primero la cárcel y luego la muerte), además han sido asesinado ocho familiares de ex guerrilleros, como parte de una campaña de exterminio en marcha. El primer insurgente asesinado fue Luis Alberto Ortiz Cabezas, en Tumaco, el día donde fue vilmente ultimado en abril de 2017, solo quince días después de haber salido de la cárcel.

En ese país, el 10% de la población más rica gana cuatro veces más que el 40% más pobre.

En ese país, según el Índice de Theil (que mide la distribución de la renta, o la desigual distribución de la riqueza), pasó de 0,807 en 2000, a 0,831, en 2013. Tan desigual es este país que el afamado economista Thomas Piketti dejando de lado la diplomacia que caracteriza a cierto tipo de académicos cuando hablan del lugar al que son invitados, sostuvo a comienzos de 2016 que “este país es uno de los más desiguales del mundo”.

En ese país, según una Comisión de Expertos en tributación nombrada por el propio gobierno, sus verdaderos dueños, los grandes supermillonarios, evaden anualmente unos 30 billones de pesos, mediante exenciones o deducciones.

En ese país, la corrupción del sector público y privado alcanza tal magnitud que en un solo negociado, el de la Refinería de Cartagena, los sobrecostos de su modernización alcanzaron la cifra de 4 mil millones de dólares, una cifra que corresponde a algo así como a 1,5 veces el costo de ampliar el canal de Panamá, una de las obras de infraestructura más costosas de América Latina.

En ese país, donde se presume mucho de practicar la libertad de prensa, cinco grandes grupos económicos son propietarios de los principales medios de comunicación (radio, televisión y prensa escrita).

El país del que les habló es COLOMBIA, cuyo presidente ha sido galardonado el año anterior con el “NOBEL DE LA PAZ”, lo cual en verdad debería leerse como el NOBEL DE LA MUERTE, lo cual no es raro que ocurra por los nefastos antecedentes de ciertos personajes que han recibió tal premio (Barack Obama, Henry Kissinger, Simon Perez, entre otros notables criminales de guerra).

Pero nada de lo anteriormente mencionado es noticia para los grandes conglomerados mediáticos, ni tampoco parece preocupar a cierta intelectualidad biempensante que ha retomado, para referirse al caso venezolano, la teoría de los dos demonios a la hora de intentar explicar la violencia que allí se ha desatado en las últimas semanas.

Es bueno preguntarse, por qué razones ese país, Colombia, no aparece nunca mencionado como el paraíso de la desigualdad, la antidemocracia y la injusticia en el continente y por qué razones no existe una solidaridad con el sufrido pueblo colombiano por parte de intelectuales y vedettes académicos –algunos de los cuales desde Europa y otros lares nos suelen visitar con relativa frecuencia–. Lo llamativo es que muchos de esos mismos intelectuales –y usamos un término completamente desprestigiado, porque como decía Eduardo Galeano esa noción separa el corazón de la razón, o el pensamiento del sentir– se pronuncien con tanta beligerancia contra el gobierno Venezolano, pero nunca nombren al régimen criminal y al terrorismo de Estado imperante en Colombia.

Y existe un hecho adicional que hace más preocupante el silencio sobre lo que sucede en Colombia –en donde el terrorismo de Estado no ha dejado de operar, a pesar del discurso sobre la paz– y es que precisamente este es uno de los países que se han convertido en punta de lanza de esa doble tenaza que amenaza a la revolución bolivariana: la intervención imperialista de los Estados Unidos y la subversión interna de los golpistas abiertos y disfrazados.

En efecto, hasta un ciego puede ver el papel activo del bloque de poder contrainsurgente que domina a Colombia (formado por su Estado y sus clases dominantes) en el saboteo que soporta Venezuela, y un papel relevante en diversos planos: político, económico, mediático y
militar. Económico, por los procesos de contrabando, que desangran a la economía venezolana y que hacen llegar productos a muy bajo costo al territorio colombiano (principalmente petróleo), que enriquece a diversos grupos, entre ellos paramilitares. Político, porque es clara la abierta intervención del Estado colombiano, empezando por el actual gobierno, en los asuntos internos de Venezuela, con su apoyo a la mal llamada “oposición”, y respaldando a la desprestigiada OEA. Esa intervención política se ha renovado recientemente con la reunión entre Juan Manuel Santos y Donald Trump, donde con cinismo se anunció que “seguiremos trabajando sobre situación de Venezuela”, que quiere decir “seguiremos interviniendo y saboteando al gobierno legítimo del vecino país”. En el caso de Juan Manuel Santos, su intervencionismo es más vergonzoso, si tenemos en cuenta la contribución de Venezuela al desarrollo de los diálogos con las FARC.

Mediático, porque la prensa colombiana, controlada por los dueños de este país, libra desde siempre una campaña de calumnia, mentira y desprestigio contra el proceso venezolano, como parte de una matriz mediática orquestada desde el corazón del imperio, donde los medios colombianos cumplen un papel central. Leer un diario de este país, escuchar una emisora de radio o ver un canal de televisión cuando se refieren a Venezuela es asistir a un coctel repleto de todo tipo de infundios, que llegan a planos de un realismo mágico invertido, que de no ser por el objetivo criminal que persiguen solo causarían risa. ¿De cuándo acá medios de desinformación como RCN, Caracol, El Espectador, El Tiempo o la Revista Semana se preocupan por los niños que sufren hambre y desnutrición en Venezuela, como si en Colombia no estuvieran muriendo de inanición niños indígenas en la Guajira y negros en el Choco?

Militar, porque desde hace años hay grupos paramilitares de origen colombiano operando en territorio venezolano, con un claro y abierto respaldo de los jefes paramilitares (conocidos políticos) que actúan impunemente desde Colombia, donde además se refugian una gran parte de golpistas (Carmona el “breve”, golpista del 2002 recibió asilo político en este país) y de criminales, incluyendo los de “cuello blanco”, que han delinquido en Venezuela, pero que aquí son presentados como “perseguidos políticos”.

Tan abierta y beligerante es el papel que cumplen el bloque de poder contrainsurgente en Colombia como punta de lanza de la agresión contra Venezuela, que acá un tema de discusión permanente está referido a lo que en forma vulgar se ha denominado como castro-chavismo, hasta el punto que cualquier reflexión crítica –y aquí no abundan, puesto que la intelectualidad es igualmente funcional a ese paradigma contrainsurgente que odia a los venezolanos pobres y mulatos y admira a los millonarios y oligarcas– es inmediatamente descalificada y rechazada. ¡Por algo, debido al papel de quinta columnas del imperialismo estadounidense que han desempeñado las clases dominantes de Colombia y sus intelectuales orgánicos, a nuestro país se le conoce en el mundo como el Caín de América Latina o el Israel de Sudamérica!

Esa postura del régimen santista y de los círculos dominantes en la política colombiana y en sus medios de desinformación, nos avergüenza como latinoamericanos, máxime cuando conocemos algo de la historia trágica de nuestro continente y cuando vemos que hoy se vuelve
a poner en marcha el guion golpista y contra-revolucionario que en anteriores ocasiones ha funcionado en países como Guatemala (1954), República Dominicana (1963-1965), Chile (1973), Nicaragua (1990), cuyo costo ha sido sangriento para millones de habitantes pobres de esos países.

Hoy es evidente lo que está en juego y lo que interesa a los intervencionistas y a sus socios internos, en Colombia, Venezuela y más allá: eliminar un proyecto que, con todas sus limitaciones y contradicciones, se ha atrevido a tocar intereses estratégicos. Lo que hoy se llaman Derechos Humanos, Democracia, Libertad… por parte de los Estados Unidos, la OEA, los gobiernos abyectos de Colombia, México, Argentina, Brasil…, así como de la mal llamada “oposición venezolana” son simplemente eufemismos para no nombrar en forma directa el interés supremo: EL PETROLEO VENEZOLANO. Este es, y dejémonos de volteretas analíticas innecesarias, el verdadero objetivo de lo que quieren derrocar el régimen constitucional en Venezuela, como también lo ha sido en Irak o en Libia, lugares en los que se repitió la misma cantaleta, la cual condujo a la terrible violencia, que en esos lugares ha dejado miles de muertos y el caos generalizado.

Si llegase a imponerse la tal “oposición”, responsable principal del desangre que hoy viven los hermanos venezolanos, uno tendría que ser muy ingenuo, iluso e ignorante de los elementos básicos de la historia de nuestro continente, para creer que esto va a representar un avance democrático para Venezuela y el continente. Dejémonos de engaños y mentiras, lo que se va a imponer va a ser una terrible dictadura, así sea de apariencia civil, a la colombiana, cuyo objetivo es el de desmontar los avances sociales que, en medio de dificultades se han alcanzado en el país vecino, pero sobre todo eliminar del escenario político e histórico a los sectores populares, que es el gran logro de Rafael Chávez. De ahí el odio contra el chavismo, por el carácter plebeyo de su composición social, tras el cual alumbra otro tipo de democracia, que va más allá de la democracia liberal, con sus fetiches institucionales que tanto deslumbran a ciertos intelectuales de Europa y a algunos de sus émulos de estas tierras.

Eso es lo que está en juego y por eso en este momento trascendental no podemos andar con medias tintas ni con compromisos abstractos con la democracia liberal o con los Derechos Humanos, como si no hubiera que respetar la decisión de ampliar esa democracia con la participación soberana de la gente, para que le apueste a nuevos caminos que desde dentro ayuden a encontrar salidas a la encrucijada que hoy vive la revolución bolivariana. Eso solo lo decidirá el propio pueblo venezolano desde las calles y sus sitios de trabajo y organización. Eso es lo que debemos respaldar y por lo mismo rechazar la intromisión violenta y fascista que desde Washington, Bogotá o los barrios ricos de Caracas se realiza a diario, a costa del dolor y la sangre de los venezolanos humildes. Lo que deseamos es una ampliación de la senda popular que se abrió en Venezuela en 1998, con la participación soberana de los sectores plebeyos. Esto es trascendental para el futuro inmediato de los proyectos anticapitalistas en nuestra América, de ahí la importancia de lo que acontece en estos momentos en la tierra de Simón Bolívar y de Hugo Chávez.

Bogotá, junio 25 de 2017

Maestro Pueblo

Los medios de comunicación privados nacionales y mundiales lo invisibilizaron, lo censuraron con alevosía. Salvo l@s revolucionari@s y amantes de paz, nadie daba crédito a lo que ocurría el domingo 16 de julio en las calles de Venezuela. La derecha tenía semanas anunciando la organización de un plebiscito ilegal, para invocar una falsa legitimidad y así abrir las compuertas definitivas al Golpe de Estado y la intervención extranjera. Quienes se arrogan el 80% de las voluntades en Venezuela, prometían en su írrita consulta 13, 15 millones de votos contra “la dictadura” y la Constituyente. Después de semejante demostración de poderío popular, lo que vendría estaba bien claro en el guión, los días de la Revolución Bolivariana estaban contados, según ellos. El Poder Electoral Venezolano, por su parte, y como tradicionalmente ha hecho, convocó el simulacro electoral, un ensayo para probar la eficiencia y engranaje del sistema electoral, con miras a la elección de la Asamblea Nacional Constituyente del próximo 30 de julio.

El hecho es que ambos procesos se efectuaron simultáneamente el domingo 16. El primero en medio de la más abrumadora ilegalidad, sin registro electoral, sin cómputos, sin totalización, absolutamente inauditable, cuyas actas y cuadernos fueron incinerados para proteger la trampa. El segundo, bajo la normativa legal de uno de los sistemas electorales más seguros y rigurosos del mundo. En todo caso, el plebiscito era una de las cartas definitivas de la contra revolución, apoyado incluso con la presencia en Venezuela de expresidentes latinoamericanos de derecha y apoyos mediáticos mundiales. El segundo, lo indica su nombre, no era más que un simulacro, un ensayo, un acto puntual de pedagogía electoral. Para sorpresa de todos, mientras los puntos de “votación” de la consulta sediciosa estaban ya vacíos a las 4pm, la unidades educativas en las que se desarrolló el Simulacro, tuvieron afluencia de pueblo hasta las 9, 10 de la noche. Para que 15 millones de personas pudieran expresarse en 1.900 puntos de la consulta opositora, las matemáticas indican que debió haber colas hasta la madrugada. No fue así. ¿Qué pasó entonces?

Pasó que el chavismo salió con toda su carga acumulada de dignidad, con todo el dolor generado por los compatriotas quemados, muertos en las guarimbas, incluyendo a los jóvenes que protestaban; con toda la rabia contenida ante la violación continua de sus derechos humanos por parte de las protestas terroristas desde el mes de abril: sus derechos al tránsito, al estudio, al trabajo, a la vida, a la paz, a la igualdad. Salió también para dar un mensaje muy claro: ninguna burguesía con ansias restauradoras nos llevará a una guerra civil, a una confrontación de pueblo contra pueblo, por más que lo hayan intentado, por más que nos hayan provocado en los últimos meses.

EL chavismo salió en Paz. Incluso podemos decir que en el simulacro participaron venezolan@s más allá del chavismo, hombres y mujeres obstinados e indignados ante la violencia generada por la derecha, que se expresaron por la Paz y el Diálogo indispensables. Fue una lección de pueblo, un baño de democracia pura, una señal inexorable del camino a seguir el próximo 30 de julio.

Cuando aún había colas en las escuelas donde se desarrolló el simulacro, voceros de la rancia derecha anunciaban los supuestos resultados de su plebiscito. Sus seguidores no podían creer lo que escuchaban. No fueron 15 millones, ni 12, ni 10, aparentemente fueron 7millones. Pero ni los propios opositores confían en la validez del número que se dio. La burguesía chocó de frente con su propia soberbia. Sin embargo, aunque debilitados, han seguido ejecutando su guión golpista. Paros, trancas, supuestos gobiernos de unidad, nombramientos inválidos de integrantes del poder público…etc…etc…etc.

Por su parte, ese pueblo llano y humilde que pasó horas votando en el simulacro, regresó en paz a sus casas, a sus estudios, trabajos, con su conciencia tranquila y con el alma reconfortada, plena de alegría, Patria, esperanza y voluntad de lucha. Ese Pueblo, que fue apenas una muestra de los millones que saldrán a elegir la opción de la Paz, democracia real y entendimiento el 30 de julio, le dará una lección inolvidable a la burguesía y al mundo entero. Venezolan@s que se han contenido durante meses. Algunos humillados y vejados por las acciones de calle racistas y clasistas de la derecha venezolana. Tod@s indignad@s, impresionad@s ante tanta perversidad y odio.

Es el pueblo trabajador, el Maestro Pueblo, que con su paciencia estratégica, ha asumido la propuesta de Asamblea Nacional Constituyente del Presidente Nicolás Maduro, como la opción por la esperanza, la paz y el futuro. Insistimos. La moraleja es clara, el Pueblo ha hablado: nadie nos llevará a una guerra civil. Nadie tiene ese derecho, ni burguesías nacionales, ni mundiales, ni arbitrarios medios de comunicación, ni torpes jefes políticos del imperio corporativo-guerrerista de turno.

El 30J cada voto será una bofetada contra la burguesía violenta y restauradora, para ponerla en su lugar a punta de pueblo. Cada voto será también un lanzazo soberano y letal contra el imperialismo, para frenar sus ínfulas anexionistas. Cada voto ratificará nuestra independencia y derecho a nuestra autodeterminación. Nada ni nadie detendrá al pueblo. Nadie podrá intimidar al bravío Pueblo de Bolívar y Chávez.

Como diría nuestro prócer José Félix Ribas. “No tenemos opción entre vencer o morir. Necesario es vencer”. ¡Venceremos!


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Hoy más que nunca: Conciencia de Clase

Nadie duda sobre la existencia de las clases sociales. Marx lo dejó claro, son dos: la burguesía, dueña de los medios de producción y acumuladora del capital a partir de la apropiación de la fuerza de trabajo de los asalariados. Y el proletariado, los asalariados, los que carecen de propiedad privada sobre los medios de producción. Una clase que domina a la otra, que explota a la otra, que se aprovecha y se enriquece a partir de esa explotación sobre la mayoría. Pero es la clase trabajadora, la que hace el esfuerzo, la que produce y genera la riqueza legítima, que luego le es arrebatada y distribuida entre quienes concentran el poder y los medios de producción.

Marx también disertó sobre las características de la superestructura político jurídica, a partir de esas relaciones de producción, de ese modo de producción fundamentado en la explotación. Es decir, los que dominan en la economía, dominarán en la política y en la construcción de aquello que da sentido común a la sociedad en que se desarrolla. La economía capitalista amerita de un ordenamiento jurídico que proteja y naturalice esa relación arbitraria y desigual de una minoría que domina a la gran mayoría. A partir de este hecho, la estructura del Estado Burgués servirá para mantener y profundizar la desigualdad como elemento fundamental del capitalismo. Es la dictadura de la burguesía, que puede, o no, tener fachada de democracia liberal, puede predicar, o no, los derechos del hombre, pero que a fin de cuentas, no es más que el sistema de justificación y protección jurídica- institucional-moral de la explotación económica y la opresión sobre la clase trabajadora.

En Venezuela la burguesía nacional gobernó y dominó a sus anchas, hasta 1989. Una extendida pobreza caracterizó a la inmensa mayoría de los venezolanos. Mientras que un puñado de familias, acumulaban riqueza a partir de la pobreza y el trabajo de esa mayoría. Una burguesía además improductiva, parasitaria, aferrada a la renta petrolera que el Estado, su Estado, le facilitaba para importar y especular, más que producir. Los gobiernos y gobernantes que se correspondieron con esa etapa de la historia y la economía venezolana, eran fieles representantes de aquel sistema de dominación y acumulación del capital. Un enjambre legal que avalaba la desigualdad, la explotación y la entrega de nuestros recursos energéticos y minerales a las grandes corporaciones internacionales, jefes y jefas imperialistas de esa burguesía criolla. Unas Fuerzas Armadas que actuaban como ejército de ocupación, para proteger los privilegios de los pocos y reprimir a las grandes mayorías, que reclamaban su parte de esa riqueza, riqueza que ellos producían, y que también reclamaban los derechos sociales que les eran negados permanentemente.

Pero con 1989, vino 1992, con ese pueblo en la calle, vino Hugo Chávez, y así, los que no tenían parte, se hicieron con el poder político, utilizando con inteligencia estratégica las herramientas de la propia democracia burguesa. En 1999, no se produce un cambio de administración, ni de gobierno en Venezuela, comienza un cambio de época: la transformación y reversión estructural del sistema de exclusión de las mayorías y dominación de la minoría. Y efectivamente, cuando la minoría burguesa entendió que la Revolución Bolivariana sí iba en serio, que pretendía distribuir equitativamente la riqueza nacional y revertir el sistema de dominación y entrega de los Recursos Naturales, se desató una reacción voraz de quienes sentían cómo iban perdiendo aceleradamente el poder político y económico que ilegítimamente detentaron durante más de siglo y medio.

La burguesía, como clase social, se quedó sin el poder político nacional. Y aunque aún conservan amplia hegemonía sobre la propiedad de los medios de producción, han visto disminuidas sus capacidades de dominación y explotación a través de importantes nacionalizaciones, así como de la promulgación de leyes populares que restringen sus privilegios y márgenes de maniobra para explotar a la clase trabajadora. Y esa clase mayoritaria de invisibles y asalariados neo esclavizados, como diría el pensador francés Jacques Ranciere, esa parte de los que no tenían parte, se hizo del poder político, no sólo institucional, sino social y territorial, a partir de la construcción del Poder Popular.

De manera dialéctica, la clase social trabajadora comenzó a hegemonizar la superestructura jurídico política de la sociedad venezolana del siglo XXI, a pesar de que las relaciones económicas de producción no se transformaron al mismo ritmo. La burguesía, por su parte, emprendió una fase violenta y permanente de intento ilegal de restauración en el poder político, a partir de la fuerza de su amplia propiedad privada sobre los medios de producción, los medios de especulación importadora y sus medios de comunicación. Mientras el Comandante, Hugo Chávez, afianzaba a las mayorías en el poder político, fue generando las condiciones para que esa clase trabajadora se fuera apropiando también de medios de producción y fuesen generando nuevos medios, a partir de su organización para el trabajo. La burguesía, sin embargo, tuvo la audacia de permear las instituciones del Estado, en muchos casos vinculadas al poder económico hegemónico, y siguió apropiándose de parte de la renta petrolera, ya no en origen (PDVSA), sino en destino (las divisas para la importación y producción). También usaron ese poder para tratar de derrocar al Gobierno Bolivariano.

El Presidente Nicolás Maduro cortó de cuajo el acceso de la burguesía a las divisas del pueblo. Nuevas instituciones y métodos surgieron. A pesar de la disminución del ingreso petrolero, la inversión social se ha ampliado, las Misiones Socialistas avanzan, los derechos sociales se han profundizado en estos últimos 4 años. A pesar de las dificultades, y precisamente gracias a su capacidad para superar las dificultades con el Pueblo, la Revolución Bolivariana se acerca cada día más a su punto de no retorno. Ante esta realidad, y aprovechando las dificultades económicas, la burguesía arremete con todas sus fuerzas, nacionales e internacionales, con todo su poder económico y mediático, con toda su capacidad de generar violencia política, para evitar que la Revolución alcance ese punto definitivo de irreversibilidad.

En esta nueva etapa de acciones violentas e inconstitucionales, la burguesía sigue demostrando su monolítica conciencia de clase. Es decir, quienes componen esa clase social explotadora, defienden su restauración, luchan por recuperar sus privilegios y, en consecuencia, por negarle los derechos sociales a la mayoría. Planifican desde sus centros de poder económico su estrategia, sus tácticas y atajos inconstitucionales para retomar el poder.

Buena parte de sus nuevas tácticas de guerra se desarrollan hoy en la plataforma 2.0. Las balas no se disparan, sino que se inoculan, desde la idea liberal, bajo el ropaje de la “lucha pacífica y no violenta de la sociedad civil”. Todo se reduce a una imagen, a una consigna vacía, propio de la idea postmoderna del fin de la historia que profetizó erradamente Fukuyama en los años noventa. A través de la voracidad de las redes sociales nos quieren hacer ver que un país de un millón de kilómetros cuadrados y más de treinta millones de personas se reduce a los dos kilómetros cuadrados de caos que incendian en el este de Caracas un grupo de dirigentes irresponsables con alma de Nerón, acompañadados de un contingente de mercenarios y ciudadanos emborrachados por el odio y el fanatismo. Es un esfuerzo más para llevar al pueblo a su propia estructura de pensamiento liberal burgués. Pero el pueblo hace rato que dejó de abrazar ciegamente el evangelio capitalista.

No hay manera de hacer compatibles los intereses de la burguesía con los de la clase trabajadora. La primera, como explicamos al inicio, siempre se alimenta y sustenta del sufrimiento de la segunda, de la entrega de las mayorías. Los sempiternos dueños de los medios de producción y sus allegados tienen claridad meridiana de su necesidad de liquidar la Revolución. Ahora bien. ¿Tiene la clase trabajadora conciencia plena de clase? ¿Hasta qué punto la confusión mediática y la guerra económica genera la percepción de desclasamiento de algunas familias trabajadoras? ¿Cuál ha sido el impacto de esa guerra psicológica para distorsionar la realidad y procurar que los oprimidos defiendan los intereses de quienes les oprimen? ¿A qué otra clase, que no sea la trabajadora, puede pertenecer una maestra, un campesino, un médico, una indígena, un artista, un obrero, una enfermera, un transportista, un minero, un soldado, una funcionaria pública, un profesional asalariado?¿A los intereses de cuál de las dos clases opuestas pertenecen los sectores medios de la sociedad? ¿Con qué clase de identifican? ¿Con la trabajadora o con la se enriquece a partir de robarles su conocimiento, su vida (tiempo) y fuerza de trabajo?

Ésta es la hora de la clase trabajadora. Es el momento de desarrollar plena conciencia de nuestra condición de clase, de nuestra identidad social. Momento de cerrar filas con nuestra Revolución y demostrarle a la clase burguesa, no solamente que ni ellos, ni sus privilegios volverán en la Venezuela del siglo XXI, sino que además perderán de manera definitiva su hegemonía sobre los medios de producción, que dejarán de determinar el modo y las relaciones de producción. Tanto el Comandante Chávez, como el Presidente Maduro, han respetado y han convocado a aquellos dueños de medios de producción privados que estén dispuestos a liquidar el sistema rentista petrolero, que estén dispuestos a desatar sus fuerzas productivas y que estén dispuestos a acompañar a la clase trabajadora al traspasar la barrera del no retorno. Dueños de medios que han de producir con los trabajadores, que los respetan, no que los explotan. No hay nada más violento y letal que la explotación capitalista.

Hoy más que nunca, debemos analizar la realidad, los hechos históricos, los intereses contrapuestos y excluyentes de los grupos sociales en conflicto: debemos fortalecer nuestra conciencia de clase. Somos mayoría, somos alegría, creemos en una sociedad de justicia para que haya una sociedad en paz. No queremos que vuelvan los que nos roban nuestra esperanza, nuestro trabajo, para enriquecerse. Los desafíos por venir serán determinantes. Tomemos conciencia de dónde venimos, de dónde estamos, de quiénes somos y qué queremos. De nosotros depende hoy la existencia misma de la Patria, la construcción de nuevas relaciones de producción, de nuevas relaciones humanas, de una sociedad edificada sobre los valores de la igualdad, el trabajo y solidaridad. La nuestra es una Revolución Socialista, de la clase trabajadora, dirigida por un trabajador, que responde únicamente al mandato y los intereses de su clase, del Pueblo, del interés nacional y el bien social.

Espacio y tiempo en Revolución

La Revolución Bolivariana . Aproximación a sus ciclos históricos

Los orígenes de nuestra Revolución son tan remotos, como lo es la invasión  europea del siglo XV en nuestra Abya Yala y las resistencias indígena y afro que la confrontaron y padecieron. Nos definen los proyectos de liberación de Miranda y Bolívar, la lucha encarnizada de Ezequiel Zamora por la justicia social. Sin embargo, para comprender estos últimos años de Revolución Bolivariana, antes y después de alcanzar  el poder político en Venezuela, varias han sido las aproximaciones a una periodización que permita contextualizar, explicar, entender y proyectar este proceso histórico. El Comandante Hugo Chávez ubicó la rebelión popular de febrero y marzo de 1989, como el punto de partida de esta etapa histórica de la Revolución. Tras la victoria popular del 15 de febrero de 2009, el Comandante fue enfático al afirmar que comenzaba ese día, con el horizonte despejado, el 3er Ciclo de la Revolución Bolivariana.

De 10 en 10 años, Chávez partía de 1989 y se proyectaba hasta el 2019. Tres Ciclos

  • 1989 – 1999. Rebeliones populares y militares que le dieron la estocada final al Puntofijiso, a la falsa Democracia Representativa en la peor de sus expresiones: su etapa neoliberal. Años de lucha, resistencia construcción del Proyecto Nacional Simón Bolívar, siembra de conciencias y esperanza, que derivaron en el acceso del Pueblo al poder político, en la derrota de la burguesía oligárquica entreguista que, con escasos paréntesis, gobernó Venezuela a placer desde 1830.
  • 1999 – 2009. El Pueblo en el Poder, el desarrollo concreto de una revolución (y varias revoluciones que la componen) al unísono, desde las bases populares y desde el Estado. Freno en seco a la privatización de la vida a partir de acelerados procesos de democratización  de la sociedad y los derechos sociales fundamentales. Tiempos de férrea resistencia oligárquica en su insistencia restauradora, tiempos de victorias populares, una tras otra. Una Revolución Anti imperialista, que comenzaba a abrazar y a moldear su propio proyecto Socialista, profundamente democrático, soberano e igualitario
  • 2009 – 2019. Década en la que el Comandante apuntaba a acciones determinantes, definitorias. El reto es terminar de diseñar  y poner a andar nuestro proyecto socialista, blindar nuestra independencia, entregarle el poder al pueblo organizado, consolidar un polo de poder anti hegemónico en Nuestra América. Años para alcanzar el punto de no retorno, la irreversibilidad de la Revolución.

Nuestro Comandante ponía su vista y su espíritu en el 2030, año bicentenario de la traición a nuestro Libertador Simón Bolívar, del truncamiento de su proyecto de liberación, unión e igualdad. Para 2030 la Hegemonía socialista, en todas las dimensiones de nuestra sociedad, debía (debe) estar consolidada. En 2030 podremos ofrecerle como homenaje al Libertador su proyecto integral ya consolidado, con su sistema de gobierno que le brindará a su Pueblo la mayor suma de felicidad posible.

Por su parte, Presidente Nicolás Maduro ha sistematizado propuestas de periodización, tanto de la Revolución Bolivariana desde sus orígenes, como de los años que hemos permanecido en el poder político nacional. El 02 de febrero de 2014, al cumplirse 15 años de Gobierno, y a menos de un año de la partida física del líder fundamental de la Revolución, el Presidente Maduro disertó sobre este proceso en los siguientes periodos:

  • 27F 1989 a 4F1992. De la Rebelión Popular, a la Rebelión Militar de 1992. Ambos eventos anti neoliberales se entrecruzan y sintetizan en la figura, la voz y la acción de Hugo Chávez. Comienza la conformación  de una Revolución Cívico Militar. Las mayorías, huérfanas y adormecidas hasta entonces, se incorporan con fervor en un proyecto nacional, del que se sienten protagonistas.
  • Del 4F1992 al 06D1998 La resistencia popular, al neoliberalismo, el colapso del Punto Fijismo y el surgimiento de la Alternativa Bolivariana por la vía electoral, bajo el fuerte liderazgo de Hugo Chávez y la propuesta constituyente de refundación integral de la República, construcción de la verdadera Democracia y rechazo al capitalismo neoliberal.
  • 06D 1998 al 30 de Julio 2000. La Revolución Constituyente, la insurgencia de la Nueva República, el renacimiento de la esperanza nacional. Una Revolución en Paz. Nace la V República. Se retoma por fin el proyecto del Libertador. Las mayorías se hacen gobierno, se dan una Constitución justa y liberadora, que abrirá las puertas a ese “destno mejor” al que se refirió Hugo Chávez durante la Rebelión Militar de 1992.
  • Julio 2000 al 13 de Abril del 2002 . La reacción oligárquica. La Revolución toca directamente los intereses más significativos de la burguesía nacional. La respuesta reaccionaria se expresa en la economía, la política, los medios de comunicación y los vestigios anquilosados de las antiguas Fuerzas Armadas. Arranca el Golpe de Estado Continuado (aún en proceso hoy). El Pueblo y la Fuerza Armada superan las más duras pruebas. La burguesía se concentra en la preservación sus privilegios a través del control de la renta petrolera.
  • 2002 – 15 de Agosto de 2004. Recuperada la riqueza nacional de la renta del petróleo, la Revolución comienza darle respuestas fundamentales y estructurales al pueblo a través de las Misiones Sociales. Hugo Chávez declara el carácter Antiimperialista de la Revolución Bolivariana e impulsa un giro nuestro-americanista en la región, ante las pretensiones imperiales neoanexionistas. La burguesía termina reconociendo formalmente la nueva Constitución (a conveniencia) para invocar el Referendo Revocatorio. El Pueblo y su Comandante aceptan el reto que se expresará en la más importante victoria popular electoral, cuya onda expansiva facilitará la consolidación de la Revolución en los años por venir.
  • 15 de Agosto 2004 al 05 de Marzo 2013. La Revolución, ya Antiimperialista, se asume Socialista. A partir del Proyecto Nacional Simón Bolívar, nace el Socialismo Bolivariano del Siglo XXI. El Pueblo se organiza en Consejos Comunales, Comunas y otras expresiones del movimiento popular. El Comandante comienza a entregarle el poder directamente a ese pueblo organizado. Las Misiones Sociales se expanden, surgen las Grandes Misiones. El ALBA, la UNASUR y la CELAC surgen con un fuerte influjo Bolivariano, contra hegemónico, como aportes al necesario mundo multipolar. Chávez se hace líder mundial, reconocido como redentor de los desposeídos y enemigo de los poderes capitalistas e imperialistas. La contrarrevolución (externa-interna) persiste en la conspiración permanente, pero se estrella sistemáticamente contra la moral y el Poder Popular. Inesperadamente el Comandante Chávez enferma, enfrenta las dificultades, es reelecto, se dispone a llevar la Revolución a una nueva etapa, radical, definitiva, pero fallece en plena batalla en Marzo 2013.
  • 05 de Marzo 2013, en adelante. La Revolución continúa a pesar de la ausencia de su Líder fundamental. Chávez no sólo nos deja el Proyecto fundamental cuyo desarrollo nos guía rumbo al socialismo (El Plan de la Patria), sino que deposita en Nicolás Maduro la fuerza y respaldo popular del Chavismo. Los enemigos de la Revolución consideran que las condiciones son inmejorables para erradicarla por completo. Ensayan con una terrible Guerra Económica, con violencia política de calle, con campañas nacionales y mundiales de desprestigio del liderazgo y la gestión revolucionaria. El Presidente Maduro cohesiona las fuerzas populares, expande la inversión social a pesar de los ataques a la economía y la guerra contra los precios del petróleo. En una acción imperialista sin precedentes, Washington declara a Venezuela como amenaza a su seguridad nacional. La derecha se hace de la mayoría en la Asamblea Nacional, a partir de estrategias electorales de guerra. El sistema constitucional institucional se activa para repeler el intento de restauración oligárquico, a través del control  de un poder público por parte de la burguesía. El pueblo se organiza en los CLAP, comenzamos a territorializar las Misiones y Grandes Misiones, se crea el Congreso de la Patria para consolidar la unidad y aportar al Gobierno Popular.

El pasado 02 de febrero, al cumplirse los 18 años de Gobierno Bolivariano, el Presidente Maduro reconceptualiza las etapas de la Revolución en el poder político, destacando el carácter fundamental en cada una de las fases que identifica:

1ra. 1999-2001.  Convocatoria y Activación del Poder Popular Constituyente.  Se trata del Proceso Fundacional Constituyente, aún en marcha. Dinámica constituyente que no empieza y termina con la nueva Constitución y las leyes que la desarrollan. A partir del poder originario del Pueblo, nos damos una Carta Magna que abre los caminos para recuperar nuestra independencia, nuestra dignidad y sienta las bases para refundar la República y construir el Estado Social, pre y pro socialista.

2da. 2001-2003. Arranque de la Arremetida Imperial Oligárquica. La burguesía reacciona y comienza el Golpe Oligárquico. Se aprueban  Leyes para que el Pueblo recupere su derecho a la tierra, a la vida, a la paz y la dignidad. Golpes de Estado, sabotaje petrolero. El pueblo le arrebata la renta petrolera en origen a la burguesía (PDVSA).

3ra. 2003-2004. Etapa de Profundización, Avance y Ofensiva de la Revolución Social. Nacen las Misiones Sociales. Alfabetización, Salud, Inclusión Educativa, Alimentación. Todo un sistema de protección social y garantía de nuestros derechos sociaes. La riqueza nacional a partir de la renta petrolera es invertida por primera vez en la historia en respuestas concretas para las grandes necesidades del Pueblo.  A partir de esta Ofensiva Social, comienza a preconfigurarse el Modelo Social de la Revolución, el Estado Social de las Misiones.

4rta. 2004 -2005. Carácter Antiimperialista de la Revolución Bolivariana. El 29 de febrero de 2004 el Comandante Chávez declara nuestra Revolución como Antiimperialista. Se confirma la participación abierta de los gobiernos de EEUU en cada etapa de la conspiración oligárquica. La oposición al ALCA y a la política de generación de Guerras por Recursos Naturales en el mundo, define la esencia contra-imperialista de una Revolución verdaderamente Bolivariana. La profundización de nuestra Independencia y el ejercicio de un Nuevo y Justo Antiimperialismo, serán expresión y acción constante de nuestro proceso.

5ta. 2005 en adelante. El gran desafío: El Socialismo Bolivariano del Siglo XXI. Entre diciembre de 2004 y enero de 2005, después de la gran victoria popular de agosto, Hugo Chávez concluye que la superación del capitalismo no admitía terceras vías y que se hacía indispensable arropar y desarrollar una alternativa Socialista, democrática y antiiperialista. El Comandante recrea, refresca y actualiza en varias dimensiones  el Socialismo para un nuevo siglo y su contexto:

  • El Socialismo en lo ético, espiritual: Los valores humanistas, las relaciones humanas solidarias y cooperativas de la sociedad en la que han de surgir la mujer nueva y el hombre nuevo.
  • El Socialismo en lo Político: La Democracia Participativa, Protagónica, Directa. El fin del gobierno de las élites. “El Pueblo que Puede”, con el Poder que le pertenece.
  • El Socialismo en lo Social: La lucha contra la exclusión y la pobreza. Las Misiones y Grandes Misiones como instrumentos del Pueblo superar la pobreza y satisfacer sus necesidades materiales, intelectuales y espirituales.
  • Socialismo en lo Económico: La superación del rentismo petrolero y la generación de un modelo productivo, endógeno y soberano. Las nuevas relaciones de producción, las diferentes clases de propiedad social. La lógica del capital y su acumulación, debe ser sustituida por la del proceso social del trabajo, la producción y la satisfacción de las necesidades del Pueblo. Las fuerzas creativas y productivas deben desatarse para cambiar estructuralmente el modelo.
  • Socialismo en lo Territorial: Para el Presidente Maduro, esta dimensión es el más importante aporte del Comandante Chávez al nuevo socialismo. La tomó de la noción de Toparquía desarrollada por el Maestro Simón Rodriguez. Es en el territorio, donde se sintetizan todas las expresiones del socialismo. En la Comuna, en los urbanismos, en el Barrio,  allí debe desarrollar el Pueblo organizado, el Poder Popular, el socialismo en todas sus dimensiones. Hoy, inspirados las “pedagogía para la organización” de Hugo Chávez, desde los Consejos Comunales, hasta los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), son espacios geohumanos para la construcción integral del Socialismo en lo concreto.

Esta 5ta etapa sigue su curso, está abierta. Los últimos años hemos enfrentado la más poderosa arremetida oligárquica imperialista. El Plan de la Patria es su instrumento fundamental. Nos recuerda el Presidente Maduro, que se trata del Legado Político, Teórico y Programático del Comandante Chávez. De este Plan Matriz se derivan la Agenda Económica Bolivariana con sus Motores, la Agenda de la Felicidad Social, con las Misiones, y los esfuerzos concretos de territorialización verdadera del socialismo. Son instrumentos fundamentales del Pueblo, para seguir avanzando en la transición definitiva. Instrumentos que deben cambiar la forma de gobernar, deben sembrar las políticas y la acción de gobierno “en las catacumbas”, en lo más profundo de nuestras comunidades.

Este 27 de febrero se cumplen apenas 28 años del arranque popular de nuestra Revolución. Cada paso dado, cada terreno ganado, cada victoria, cada logro, han ocurrido en medio de turbulencias, tormentas y huracanes. La fuerza inercial oligárquica restauradora no ha dado tregua. Conflictos dialéctico con impactos y secuelas en tiempo real. Pero, como dice Trotsky, el látigo de la contrarevolución es necesario para avanzar. La contrarrevolución venezolana persiste en la restauración del proyecto neoliberal. No logran asimilar que es imposible desplazar del poder político al Pueblo que se hizo Gobierno en 1999. Desde sus reductos de poder económico-financiero y mediático, tropezarán una y otra vez contra la historia misma.

El 02 de febrero pasado, el Presidente Maduro nos llamó a no retroceder nunca. Jamás ceder ante la adversidad. A contener, enfrentar y superar las agresiones, amenazas y dificultades, por el único camino posible: hacer la verdadera Revolución Socialista. Única vía para garantizar nuestra independencia total, garantizar nuestros derechos sociales y asegurar la existencia misma de la República y de la Patria. Por más resistencias que opongan, por más recursos que inviertan, la Revolución Bolivariana está en marcha indetenible. Nuestro desafío principal es seguir desarrollándola por vías pacíficas. Pero en cualquier circunstancia y por cualquier vía, nuestro destino está escrito, es inexorable: en Revolución permanente, el Socialismo Bolivariano y Chavista del Siglo XXI.