Imperialismo sin máscaras

Donald TrumpEl 2017 fue año clarificador, logró sincerar la política internacional y poner a prueba la política exterior de la República Bolivariana de Venezuela, la Diplomacia Bolivariana de Paz. Ya no hay dudas posibles, el unilateralismo e imperialismo estadounidense se han reafirmado. Muchos en el mundo tendían a confundirse tras la sonrisa y el andar trabajado y simpático de Barack Obama, descartando el carácter devastador del imperio de turno. La verdad es hoy más que evidente.

Quedaron sin asidero y sin argumentos los que pensaban que los grupos terroristas en el medio oriente surgen espontáneamente, sin financiamiento y apoyo del Pentágono; aquellos que mantenían la ilusión al afirmar que Washington ya no interviene en los asuntos internos de otros países, ni financia planes desestabilizadores y golpes de Estado; que el Departamento de Estado ya no fragua fraudes electorales a conveniencia, ni crea matrices tendenciosas en los medios de comunicación para justificar acciones bélicas subsecuentes; cuán errados estaban los que aseguraban que las instituciones estadounidenses no planifican y desarrollan implacables persecuciones financieras contra pueblos enteros para “hacer chillar” sus economías y forzar cambios de gobierno por la fuerza.

Se equivocaron quienes declaraban que ya EEUU no considera como sus acérrimos rivales y competidores a Rusia y China, al buen estilo de la Guerra Fría; como también, los que llegaban a pensar que EEUU estaba en tiempos de rectificación e iba a respetar las instituciones multilaterales y el Derecho Internacional Público; peor aún, aquellos que alguna vez creyeron que EEUU responsablemente cumpliría con el Acuerdo de París sobre cambio climático; así como los que negaban que el Departamento de Estado es capaz de presionar económicamente a Estados iguales, si se atreve a sostener posiciones soberanas en la ONU en asuntos sobre el Medio Oriente.

Muchos analistas aseveraban que la llegada al poder político en nuestros países de empresarios acaudalados nada tiene que ver con Washington; o los que sugerían que Washington ya no dominaba la OEA, ni la usaría para agredir e intervenir en los asuntos internos de América Latina y el Caribe. Incluso muchos opinadores en el mundo llegaban a poner en duda las inexorables tesis del dominio del complejo industrial-militar o que la economía estadounidense se alimenta y dinamiza a través de la producción y venta de equipos militares y armas, es decir, a través de la generación guerras y de sangre.

Los que pensaban (o querían hacer creer) que esos hechos irrefutables eran mitos o inventos de los “comunistas, izquierdistas y ecologistas”, han sido testigos, como el mundo entero también lo es, de la irrefutable veracidad de esas prácticas, políticas y acciones, ante la abierta sinceridad con la que orgullosamente el Presidente Donald Trump ha develado y asumido la autoría intelectual y material de todas esas violaciones al orden internacional (reconocimiento que se le agradece).

Como afirman los abogados: a confesión de parte, relevo de pruebas. Se ha demostrado de manera indiscutible y descarnada que el imperialismo no solamente existe, sino que ante las señales de su decadencia y el evidente fracaso de su sistema económico de soporte y de su pensamiento único, ha entrado en fase de agresiva desesperación, pasando a representar la principal amenaza (aunque usual y ordinaria, como toda amenaza imperial) para la humanidad. En la medida en que el mundo multipolar se consolida, más peligrosas se hacen las acciones de los principales actores del entramado imperial.

En una universidad estadounidense, un cuestionado y muy debilitado empresario-Presidente latinoamericano, carnalmente muy próximo a Washington, derrochó sinceridad para calificar el rol que EEUU y la derecha latinoamericana le otorga a nuestros pueblos y sus gobiernos: “América Latina es un simpático perro durmiendo en la alfombra, que no genera ningún problema”. El trato discriminador y racista que la Casa Blanca ha mostrado hacia nuestros países en los últimos meses, confirma esa teoría de la sumisión.

La construcción de muros entre pueblos, la expulsión y maltrato cruel a los migrantes, la cancelación de políticas de preferencias hacia países de El Caribe y América Central, las sanciones económicas y persecuciones financieras, la interferencia permanente en los asuntos internos, la arrogancia económica para dominarnos, la humillación en la renegociación de tratados comerciales, entre otras afrentas, dan fe de la activa ofensiva imperialista en Nuestra América.

Desde la inefable OEA, el nada honorable señor Luis Almagro hizo alarde de disciplina ante las órdenes de Washington, a través de innumerables horas de trabajo, ingentes esfuerzos y recursos incalculables invertidos con el único objetivo de derrocar al gobierno de Venezuela. Su inducido accionar es parte evidente de la estrategia develada de ofensiva imperialista en la región. Sin embargo, su eficiencia ha sido muy deficiente. El Presidente Maduro no sólo sigue al mando, sino que ha acumulado una victoria política tras otra. A favor del señor “Amargo”, debemos decir que ha sido muy eficaz para internar a la OEA en la sala de terapia intensiva de la historia, moralmente en estado vegetativo irreversible y políticamente en ridículo estado disfuncional de absoluta inutilidad.

El imperialismo ansioso y furioso por la ineficacia de sus acciones y las que le instruyen a la incapaz derecha venezolana para liquidar a la Revolución Bolivariana, se activó en todos los frentes. El Departamento de Estado (y con ellos siempre la CIA) se desplegó en toda América Latina y El Caribe, como también en Europa (ordenando sancionar a Venezuela) y ante gobiernos de los cinco continentes. Puso a Canadá a arriar a un grupo de sometidos gobiernos en la región para tratar de acorralar al gobierno de Caracas, hizo mil movimientos en Naciones Unidas, tanto en el Consejo de Derechos Humanos, hasta en el mismísimo Consejo de Seguridad, buscando acompañamiento bajo presión, en su obsesión por perseguir a Venezuela. En todos los casos resultó derrotado.

Y precisamente, las máscaras que han caído con el advenimiento del gobierno supremacista y racista de Donald Trump, permiten, hasta por defecto, dejarlos en evidencia. El principal argumento para atacar a la Revolución Bolivariana ha sido el de los Derechos Humanos. Ahora bien, sin ir al detalle de la situación de violación permanente por parte de los gobiernos de EEUU en materia de Derechos Humanos en su país y en el mundo, permítanme citar un elocuente párrafo al respecto, extraído de la intervención de Venezuela en el 72 periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, como respuesta a la inmoral afirmación de la Representante Permanente de EEUU en esa organización, al afirmar que Venezuela y Cuba no merecen ser miembros del Consejo de Derechos Humanos:

“Si algún país no merece pertenecer al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, es precisamente los Estados Unidos de América. Se trata del principal violador de derechos humanos, no sólo en su territorio, sino en todo el mundo. Guerras injustificadas, bombardeos a población civil, cárceles clandestinas con aplicación de métodos de tortura, imposición de medidas unilaterales ilegales contra economías de varios países, presiones económicas diversas, y temerarias políticas migratorias. Es el único país que se ha atrevido a utilizar armas nucleares contra otro pueblo, generando centenares de miles de muertes. Un país que, violando la institucionalidad esencial de la ONU, lideró la invasión de Iraq en 2003, bajo el argumento de la búsqueda de armas de destrucción masiva, que jamás encontraron, a pesar de las más de un millón de muertes que generó esa cruenta operación militar. Estados Unidos construye el muro en la frontera con México y hay propuestas de ley para pecharle 7% a las remesas de los inmigrantes, no para su seguridad social, sino para financiar la construcción del indigno muro.

Utilizando datos verificables de los organismos y relatorías de la ONU, podemos concluir que: EEUU no ha ratificado el 62% de los principales tratados en materia de DDHH; en EEUU no existe institución independiente para la defensa y promoción de los DDHH; el Relator Especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales y arbitrarias denuncia la falta de independencia del poder judicial en EEUU; el confinamiento solitario es una práctica extendida en este país; la cifra de personas sin hogar alcanza los 3,5 millones, 1,5 millones de niños y niñas entre ellos; el 28% de las personas en pobreza no cuentan con cobertura alguna en salud; la tasa de mortalidad materna ha aumentado vertiginosamente en los últimos años, 10 mil niños están alojados en prisiones para adultos, los niños pueden ser condenados a cadena perpetua (70% de ellos afroamericanos); el relator especial para la educación ha denunciado el uso de descargas eléctricas y medios físicos de coerción en centros de estudio; EEUU es uno de los 7 países del mundo que no ha ratificado la convención para la eliminación de la discriminación contra la mujer; en EEUU la licencia remunerada por maternidad no es obligatoria; las denuncias sobre abusos policiales, especialmente contra la población afroamericana, son comunes, más de 10 millones de afroestadounidenses siguen en situación de pobreza, la mitad de ellos en situación de miseria; en un país donde la esclavitud se supone abolida, la decimotercera enmienda admite la esclavitud como modalidad de condena penal; una de cada tres mujeres indígenas estadounidense es violada a lo largo de su vida; se trata de un país donde la discriminación racial no sólo no está superada, sino que recrudece con las posiciones supremacistas del gobierno actual”

Tras la derrota de la violencia política en Venezuela (financiada en buena parte desde centros de poder en EEUU), gracias a la paz que trajo consigo la elección popular de la Asamblea Nacional Constituyente, y cuando los actores más diversos se preparaban para nuevas contiendas democráticas e incluso para retomar el proceso de diálogo, el gobierno de EEUU se quitaba otra careta al imponer una serie de medidas unilaterales coercitivas e ilegales contra la economía venezolana. De esta manera, oficializaba y reforzaba la persecución financiera contra Venezuela que ya se venía ejerciendo con rudeza desde tiempos de Obama.

No nos referimos a las absurdas sanciones individuales e inocuas contra servidores del gobierno, miembros del Consejo Electoral o de la Asamblea Constituyente. Se trata de medidas para evitar que Venezuela pueda obtener financiamientos y efectuar transacciones internacionales para garantizar el cumplimiento de sus compromisos y la obtención de materia prima para la producción o de productos terminados para satisfacer las necesidades del pueblo. Es una modalidad de bloqueo que emula al que le han impuesto a la hermana República de Cuba durante 5 décadas.

Estas medidas destinadas a ahorcar a la economía, es decir, al pueblo, para forzar el cumplimiento de la voluntad imperial en Venezuela, también están dirigidas a evitar cualquier tipo de diálogo entre los actores políticos. Estas llamadas sanciones, si bien han hecho daño, han servido en gran medida para cohesionar aún más la conciencia antiimperialista y libertaria del pueblo de Bolívar. Adicionalmente, estas decisiones unilaterales han acelerado la velocidad con la que el Gobierno del Presidente Maduro procura desprenderse de la economía estadounidense y del esclavizante patrón dólar.

A través de las alianzas con China, Rusia, Turquía, Irán y los países del ALBA, entre otros, Venezuela ha ido diseñando rutas alternas para ir disminuyendo a su mínima expresión los efectos de las sanciones ilegales de Washington, y otra vez por defecto, consolidar un nuevo tipo de relaciones económicas, con nuevos patrones de intercambio que blinden la economía venezolana, en su empeño por independizarse y superar el modelo rentista impuesto en el siglo XX.

Desde Venezuela, hoy ondeamos nuevamente las banderas de todos aquellos que han demostrado que el imperialismo, con cualquier rostro que decida mostrar, no es invencible, ni incuestionable. Evoquemos el “instante que relampaguea” que señalaba el pensador alemán Walter Benjamin; La estrella de cinco puntas de Ho Chi Minh y el bravío pueblo vietnamita; la gesta incalculable de los barbudos de la Sierra Maestra y la resistencia de casi seis décadas al asedio de distintas generaciones de buitres que revolotean la isla sin poder quebrantar la dignidad del pueblo cubano; la hazaña de la Angola libertaria en las profundidades del África que aún retumba entre tambores y ritmos ancestrales. La historia nos enseña que sólo la determinación de un pueblo unido y consciente puede hacerle frente a cualquier imposición, cualquier oprobio y a toda fuerza de dominación.

En 2018 vienen nuevos desafíos en Nuestra América. La unidad debe ser principio y premisa fundamental de las resistencias, luchas y triunfos contra el imperialismo. Más allá de la noción de integración, nos referimos a la verdadera UNIÓN, la originaria, la Bolivariana. El ALBA y Petrocaribe llevan en su esencia ese espíritu unionista de los pueblos y se fortalecen en momentos de demostrada ofensiva imperialista. Con el ALBA como núcleo virtuoso, debemos fortalecer los mecanismos autónomos de integración de América Latina y el Caribe, que hoy sufren ataques externos e intentos de implosión. La solidaridad, la complementariedad y la justicia social y económica, deben prevalecer ante los nuevos intentos de anexión del capital.

En Venezuela seguirá adelante el proceso de diálogo y, como ha dicho el Presidente Maduro, llueve, truene o relampagueé, habrá elecciones Presidenciales este año. La conciencia de los pueblos que llevan a Bolívar como guía y ejemplo, se impondrá a la inconciencia de las élites sumisas que existen y preservan privilegios, gracias a la Doctrina Monroe y al empeño fracturador de dominación sobre nuestros pueblos. La Diplomacia Bolivariana de Paz seguirá defendiendo la dignidad de un pueblo decidido a ser libre e independiente y el derecho de la humanidad a la Paz y la Justicia. Pensando en los meses por venir, y aunque parezca reiterativo, no podemos sino recordar la consigna y reflexión de lucha que nos dejara el Comandante Chávez sembrada hace poco más de 5 años: Unidad, Lucha, Batalla y VICTORIA!

¡Siempre, Venceremos!

Jorge Arreaza M.
02 de enero de 2018

Maestro Pueblo

Los medios de comunicación privados nacionales y mundiales lo invisibilizaron, lo censuraron con alevosía. Salvo l@s revolucionari@s y amantes de paz, nadie daba crédito a lo que ocurría el domingo 16 de julio en las calles de Venezuela. La derecha tenía semanas anunciando la organización de un plebiscito ilegal, para invocar una falsa legitimidad y así abrir las compuertas definitivas al Golpe de Estado y la intervención extranjera. Quienes se arrogan el 80% de las voluntades en Venezuela, prometían en su írrita consulta 13, 15 millones de votos contra “la dictadura” y la Constituyente. Después de semejante demostración de poderío popular, lo que vendría estaba bien claro en el guión, los días de la Revolución Bolivariana estaban contados, según ellos. El Poder Electoral Venezolano, por su parte, y como tradicionalmente ha hecho, convocó el simulacro electoral, un ensayo para probar la eficiencia y engranaje del sistema electoral, con miras a la elección de la Asamblea Nacional Constituyente del próximo 30 de julio.

El hecho es que ambos procesos se efectuaron simultáneamente el domingo 16. El primero en medio de la más abrumadora ilegalidad, sin registro electoral, sin cómputos, sin totalización, absolutamente inauditable, cuyas actas y cuadernos fueron incinerados para proteger la trampa. El segundo, bajo la normativa legal de uno de los sistemas electorales más seguros y rigurosos del mundo. En todo caso, el plebiscito era una de las cartas definitivas de la contra revolución, apoyado incluso con la presencia en Venezuela de expresidentes latinoamericanos de derecha y apoyos mediáticos mundiales. El segundo, lo indica su nombre, no era más que un simulacro, un ensayo, un acto puntual de pedagogía electoral. Para sorpresa de todos, mientras los puntos de “votación” de la consulta sediciosa estaban ya vacíos a las 4pm, la unidades educativas en las que se desarrolló el Simulacro, tuvieron afluencia de pueblo hasta las 9, 10 de la noche. Para que 15 millones de personas pudieran expresarse en 1.900 puntos de la consulta opositora, las matemáticas indican que debió haber colas hasta la madrugada. No fue así. ¿Qué pasó entonces?

Pasó que el chavismo salió con toda su carga acumulada de dignidad, con todo el dolor generado por los compatriotas quemados, muertos en las guarimbas, incluyendo a los jóvenes que protestaban; con toda la rabia contenida ante la violación continua de sus derechos humanos por parte de las protestas terroristas desde el mes de abril: sus derechos al tránsito, al estudio, al trabajo, a la vida, a la paz, a la igualdad. Salió también para dar un mensaje muy claro: ninguna burguesía con ansias restauradoras nos llevará a una guerra civil, a una confrontación de pueblo contra pueblo, por más que lo hayan intentado, por más que nos hayan provocado en los últimos meses.

EL chavismo salió en Paz. Incluso podemos decir que en el simulacro participaron venezolan@s más allá del chavismo, hombres y mujeres obstinados e indignados ante la violencia generada por la derecha, que se expresaron por la Paz y el Diálogo indispensables. Fue una lección de pueblo, un baño de democracia pura, una señal inexorable del camino a seguir el próximo 30 de julio.

Cuando aún había colas en las escuelas donde se desarrolló el simulacro, voceros de la rancia derecha anunciaban los supuestos resultados de su plebiscito. Sus seguidores no podían creer lo que escuchaban. No fueron 15 millones, ni 12, ni 10, aparentemente fueron 7millones. Pero ni los propios opositores confían en la validez del número que se dio. La burguesía chocó de frente con su propia soberbia. Sin embargo, aunque debilitados, han seguido ejecutando su guión golpista. Paros, trancas, supuestos gobiernos de unidad, nombramientos inválidos de integrantes del poder público…etc…etc…etc.

Por su parte, ese pueblo llano y humilde que pasó horas votando en el simulacro, regresó en paz a sus casas, a sus estudios, trabajos, con su conciencia tranquila y con el alma reconfortada, plena de alegría, Patria, esperanza y voluntad de lucha. Ese Pueblo, que fue apenas una muestra de los millones que saldrán a elegir la opción de la Paz, democracia real y entendimiento el 30 de julio, le dará una lección inolvidable a la burguesía y al mundo entero. Venezolan@s que se han contenido durante meses. Algunos humillados y vejados por las acciones de calle racistas y clasistas de la derecha venezolana. Tod@s indignad@s, impresionad@s ante tanta perversidad y odio.

Es el pueblo trabajador, el Maestro Pueblo, que con su paciencia estratégica, ha asumido la propuesta de Asamblea Nacional Constituyente del Presidente Nicolás Maduro, como la opción por la esperanza, la paz y el futuro. Insistimos. La moraleja es clara, el Pueblo ha hablado: nadie nos llevará a una guerra civil. Nadie tiene ese derecho, ni burguesías nacionales, ni mundiales, ni arbitrarios medios de comunicación, ni torpes jefes políticos del imperio corporativo-guerrerista de turno.

El 30J cada voto será una bofetada contra la burguesía violenta y restauradora, para ponerla en su lugar a punta de pueblo. Cada voto será también un lanzazo soberano y letal contra el imperialismo, para frenar sus ínfulas anexionistas. Cada voto ratificará nuestra independencia y derecho a nuestra autodeterminación. Nada ni nadie detendrá al pueblo. Nadie podrá intimidar al bravío Pueblo de Bolívar y Chávez.

Como diría nuestro prócer José Félix Ribas. “No tenemos opción entre vencer o morir. Necesario es vencer”. ¡Venceremos!


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Hoy más que nunca: Conciencia de Clase

Nadie duda sobre la existencia de las clases sociales. Marx lo dejó claro, son dos: la burguesía, dueña de los medios de producción y acumuladora del capital a partir de la apropiación de la fuerza de trabajo de los asalariados. Y el proletariado, los asalariados, los que carecen de propiedad privada sobre los medios de producción. Una clase que domina a la otra, que explota a la otra, que se aprovecha y se enriquece a partir de esa explotación sobre la mayoría. Pero es la clase trabajadora, la que hace el esfuerzo, la que produce y genera la riqueza legítima, que luego le es arrebatada y distribuida entre quienes concentran el poder y los medios de producción.

Marx también disertó sobre las características de la superestructura político jurídica, a partir de esas relaciones de producción, de ese modo de producción fundamentado en la explotación. Es decir, los que dominan en la economía, dominarán en la política y en la construcción de aquello que da sentido común a la sociedad en que se desarrolla. La economía capitalista amerita de un ordenamiento jurídico que proteja y naturalice esa relación arbitraria y desigual de una minoría que domina a la gran mayoría. A partir de este hecho, la estructura del Estado Burgués servirá para mantener y profundizar la desigualdad como elemento fundamental del capitalismo. Es la dictadura de la burguesía, que puede, o no, tener fachada de democracia liberal, puede predicar, o no, los derechos del hombre, pero que a fin de cuentas, no es más que el sistema de justificación y protección jurídica- institucional-moral de la explotación económica y la opresión sobre la clase trabajadora.

En Venezuela la burguesía nacional gobernó y dominó a sus anchas, hasta 1989. Una extendida pobreza caracterizó a la inmensa mayoría de los venezolanos. Mientras que un puñado de familias, acumulaban riqueza a partir de la pobreza y el trabajo de esa mayoría. Una burguesía además improductiva, parasitaria, aferrada a la renta petrolera que el Estado, su Estado, le facilitaba para importar y especular, más que producir. Los gobiernos y gobernantes que se correspondieron con esa etapa de la historia y la economía venezolana, eran fieles representantes de aquel sistema de dominación y acumulación del capital. Un enjambre legal que avalaba la desigualdad, la explotación y la entrega de nuestros recursos energéticos y minerales a las grandes corporaciones internacionales, jefes y jefas imperialistas de esa burguesía criolla. Unas Fuerzas Armadas que actuaban como ejército de ocupación, para proteger los privilegios de los pocos y reprimir a las grandes mayorías, que reclamaban su parte de esa riqueza, riqueza que ellos producían, y que también reclamaban los derechos sociales que les eran negados permanentemente.

Pero con 1989, vino 1992, con ese pueblo en la calle, vino Hugo Chávez, y así, los que no tenían parte, se hicieron con el poder político, utilizando con inteligencia estratégica las herramientas de la propia democracia burguesa. En 1999, no se produce un cambio de administración, ni de gobierno en Venezuela, comienza un cambio de época: la transformación y reversión estructural del sistema de exclusión de las mayorías y dominación de la minoría. Y efectivamente, cuando la minoría burguesa entendió que la Revolución Bolivariana sí iba en serio, que pretendía distribuir equitativamente la riqueza nacional y revertir el sistema de dominación y entrega de los Recursos Naturales, se desató una reacción voraz de quienes sentían cómo iban perdiendo aceleradamente el poder político y económico que ilegítimamente detentaron durante más de siglo y medio.

La burguesía, como clase social, se quedó sin el poder político nacional. Y aunque aún conservan amplia hegemonía sobre la propiedad de los medios de producción, han visto disminuidas sus capacidades de dominación y explotación a través de importantes nacionalizaciones, así como de la promulgación de leyes populares que restringen sus privilegios y márgenes de maniobra para explotar a la clase trabajadora. Y esa clase mayoritaria de invisibles y asalariados neo esclavizados, como diría el pensador francés Jacques Ranciere, esa parte de los que no tenían parte, se hizo del poder político, no sólo institucional, sino social y territorial, a partir de la construcción del Poder Popular.

De manera dialéctica, la clase social trabajadora comenzó a hegemonizar la superestructura jurídico política de la sociedad venezolana del siglo XXI, a pesar de que las relaciones económicas de producción no se transformaron al mismo ritmo. La burguesía, por su parte, emprendió una fase violenta y permanente de intento ilegal de restauración en el poder político, a partir de la fuerza de su amplia propiedad privada sobre los medios de producción, los medios de especulación importadora y sus medios de comunicación. Mientras el Comandante, Hugo Chávez, afianzaba a las mayorías en el poder político, fue generando las condiciones para que esa clase trabajadora se fuera apropiando también de medios de producción y fuesen generando nuevos medios, a partir de su organización para el trabajo. La burguesía, sin embargo, tuvo la audacia de permear las instituciones del Estado, en muchos casos vinculadas al poder económico hegemónico, y siguió apropiándose de parte de la renta petrolera, ya no en origen (PDVSA), sino en destino (las divisas para la importación y producción). También usaron ese poder para tratar de derrocar al Gobierno Bolivariano.

El Presidente Nicolás Maduro cortó de cuajo el acceso de la burguesía a las divisas del pueblo. Nuevas instituciones y métodos surgieron. A pesar de la disminución del ingreso petrolero, la inversión social se ha ampliado, las Misiones Socialistas avanzan, los derechos sociales se han profundizado en estos últimos 4 años. A pesar de las dificultades, y precisamente gracias a su capacidad para superar las dificultades con el Pueblo, la Revolución Bolivariana se acerca cada día más a su punto de no retorno. Ante esta realidad, y aprovechando las dificultades económicas, la burguesía arremete con todas sus fuerzas, nacionales e internacionales, con todo su poder económico y mediático, con toda su capacidad de generar violencia política, para evitar que la Revolución alcance ese punto definitivo de irreversibilidad.

En esta nueva etapa de acciones violentas e inconstitucionales, la burguesía sigue demostrando su monolítica conciencia de clase. Es decir, quienes componen esa clase social explotadora, defienden su restauración, luchan por recuperar sus privilegios y, en consecuencia, por negarle los derechos sociales a la mayoría. Planifican desde sus centros de poder económico su estrategia, sus tácticas y atajos inconstitucionales para retomar el poder.

Buena parte de sus nuevas tácticas de guerra se desarrollan hoy en la plataforma 2.0. Las balas no se disparan, sino que se inoculan, desde la idea liberal, bajo el ropaje de la “lucha pacífica y no violenta de la sociedad civil”. Todo se reduce a una imagen, a una consigna vacía, propio de la idea postmoderna del fin de la historia que profetizó erradamente Fukuyama en los años noventa. A través de la voracidad de las redes sociales nos quieren hacer ver que un país de un millón de kilómetros cuadrados y más de treinta millones de personas se reduce a los dos kilómetros cuadrados de caos que incendian en el este de Caracas un grupo de dirigentes irresponsables con alma de Nerón, acompañadados de un contingente de mercenarios y ciudadanos emborrachados por el odio y el fanatismo. Es un esfuerzo más para llevar al pueblo a su propia estructura de pensamiento liberal burgués. Pero el pueblo hace rato que dejó de abrazar ciegamente el evangelio capitalista.

No hay manera de hacer compatibles los intereses de la burguesía con los de la clase trabajadora. La primera, como explicamos al inicio, siempre se alimenta y sustenta del sufrimiento de la segunda, de la entrega de las mayorías. Los sempiternos dueños de los medios de producción y sus allegados tienen claridad meridiana de su necesidad de liquidar la Revolución. Ahora bien. ¿Tiene la clase trabajadora conciencia plena de clase? ¿Hasta qué punto la confusión mediática y la guerra económica genera la percepción de desclasamiento de algunas familias trabajadoras? ¿Cuál ha sido el impacto de esa guerra psicológica para distorsionar la realidad y procurar que los oprimidos defiendan los intereses de quienes les oprimen? ¿A qué otra clase, que no sea la trabajadora, puede pertenecer una maestra, un campesino, un médico, una indígena, un artista, un obrero, una enfermera, un transportista, un minero, un soldado, una funcionaria pública, un profesional asalariado?¿A los intereses de cuál de las dos clases opuestas pertenecen los sectores medios de la sociedad? ¿Con qué clase de identifican? ¿Con la trabajadora o con la se enriquece a partir de robarles su conocimiento, su vida (tiempo) y fuerza de trabajo?

Ésta es la hora de la clase trabajadora. Es el momento de desarrollar plena conciencia de nuestra condición de clase, de nuestra identidad social. Momento de cerrar filas con nuestra Revolución y demostrarle a la clase burguesa, no solamente que ni ellos, ni sus privilegios volverán en la Venezuela del siglo XXI, sino que además perderán de manera definitiva su hegemonía sobre los medios de producción, que dejarán de determinar el modo y las relaciones de producción. Tanto el Comandante Chávez, como el Presidente Maduro, han respetado y han convocado a aquellos dueños de medios de producción privados que estén dispuestos a liquidar el sistema rentista petrolero, que estén dispuestos a desatar sus fuerzas productivas y que estén dispuestos a acompañar a la clase trabajadora al traspasar la barrera del no retorno. Dueños de medios que han de producir con los trabajadores, que los respetan, no que los explotan. No hay nada más violento y letal que la explotación capitalista.

Hoy más que nunca, debemos analizar la realidad, los hechos históricos, los intereses contrapuestos y excluyentes de los grupos sociales en conflicto: debemos fortalecer nuestra conciencia de clase. Somos mayoría, somos alegría, creemos en una sociedad de justicia para que haya una sociedad en paz. No queremos que vuelvan los que nos roban nuestra esperanza, nuestro trabajo, para enriquecerse. Los desafíos por venir serán determinantes. Tomemos conciencia de dónde venimos, de dónde estamos, de quiénes somos y qué queremos. De nosotros depende hoy la existencia misma de la Patria, la construcción de nuevas relaciones de producción, de nuevas relaciones humanas, de una sociedad edificada sobre los valores de la igualdad, el trabajo y solidaridad. La nuestra es una Revolución Socialista, de la clase trabajadora, dirigida por un trabajador, que responde únicamente al mandato y los intereses de su clase, del Pueblo, del interés nacional y el bien social.

Espacio y tiempo en Revolución

La Revolución Bolivariana . Aproximación a sus ciclos históricos

Los orígenes de nuestra Revolución son tan remotos, como lo es la invasión  europea del siglo XV en nuestra Abya Yala y las resistencias indígena y afro que la confrontaron y padecieron. Nos definen los proyectos de liberación de Miranda y Bolívar, la lucha encarnizada de Ezequiel Zamora por la justicia social. Sin embargo, para comprender estos últimos años de Revolución Bolivariana, antes y después de alcanzar  el poder político en Venezuela, varias han sido las aproximaciones a una periodización que permita contextualizar, explicar, entender y proyectar este proceso histórico. El Comandante Hugo Chávez ubicó la rebelión popular de febrero y marzo de 1989, como el punto de partida de esta etapa histórica de la Revolución. Tras la victoria popular del 15 de febrero de 2009, el Comandante fue enfático al afirmar que comenzaba ese día, con el horizonte despejado, el 3er Ciclo de la Revolución Bolivariana.

De 10 en 10 años, Chávez partía de 1989 y se proyectaba hasta el 2019. Tres Ciclos

  • 1989 – 1999. Rebeliones populares y militares que le dieron la estocada final al Puntofijiso, a la falsa Democracia Representativa en la peor de sus expresiones: su etapa neoliberal. Años de lucha, resistencia construcción del Proyecto Nacional Simón Bolívar, siembra de conciencias y esperanza, que derivaron en el acceso del Pueblo al poder político, en la derrota de la burguesía oligárquica entreguista que, con escasos paréntesis, gobernó Venezuela a placer desde 1830.
  • 1999 – 2009. El Pueblo en el Poder, el desarrollo concreto de una revolución (y varias revoluciones que la componen) al unísono, desde las bases populares y desde el Estado. Freno en seco a la privatización de la vida a partir de acelerados procesos de democratización  de la sociedad y los derechos sociales fundamentales. Tiempos de férrea resistencia oligárquica en su insistencia restauradora, tiempos de victorias populares, una tras otra. Una Revolución Anti imperialista, que comenzaba a abrazar y a moldear su propio proyecto Socialista, profundamente democrático, soberano e igualitario
  • 2009 – 2019. Década en la que el Comandante apuntaba a acciones determinantes, definitorias. El reto es terminar de diseñar  y poner a andar nuestro proyecto socialista, blindar nuestra independencia, entregarle el poder al pueblo organizado, consolidar un polo de poder anti hegemónico en Nuestra América. Años para alcanzar el punto de no retorno, la irreversibilidad de la Revolución.

Nuestro Comandante ponía su vista y su espíritu en el 2030, año bicentenario de la traición a nuestro Libertador Simón Bolívar, del truncamiento de su proyecto de liberación, unión e igualdad. Para 2030 la Hegemonía socialista, en todas las dimensiones de nuestra sociedad, debía (debe) estar consolidada. En 2030 podremos ofrecerle como homenaje al Libertador su proyecto integral ya consolidado, con su sistema de gobierno que le brindará a su Pueblo la mayor suma de felicidad posible.

Por su parte, Presidente Nicolás Maduro ha sistematizado propuestas de periodización, tanto de la Revolución Bolivariana desde sus orígenes, como de los años que hemos permanecido en el poder político nacional. El 02 de febrero de 2014, al cumplirse 15 años de Gobierno, y a menos de un año de la partida física del líder fundamental de la Revolución, el Presidente Maduro disertó sobre este proceso en los siguientes periodos:

  • 27F 1989 a 4F1992. De la Rebelión Popular, a la Rebelión Militar de 1992. Ambos eventos anti neoliberales se entrecruzan y sintetizan en la figura, la voz y la acción de Hugo Chávez. Comienza la conformación  de una Revolución Cívico Militar. Las mayorías, huérfanas y adormecidas hasta entonces, se incorporan con fervor en un proyecto nacional, del que se sienten protagonistas.
  • Del 4F1992 al 06D1998 La resistencia popular, al neoliberalismo, el colapso del Punto Fijismo y el surgimiento de la Alternativa Bolivariana por la vía electoral, bajo el fuerte liderazgo de Hugo Chávez y la propuesta constituyente de refundación integral de la República, construcción de la verdadera Democracia y rechazo al capitalismo neoliberal.
  • 06D 1998 al 30 de Julio 2000. La Revolución Constituyente, la insurgencia de la Nueva República, el renacimiento de la esperanza nacional. Una Revolución en Paz. Nace la V República. Se retoma por fin el proyecto del Libertador. Las mayorías se hacen gobierno, se dan una Constitución justa y liberadora, que abrirá las puertas a ese “destno mejor” al que se refirió Hugo Chávez durante la Rebelión Militar de 1992.
  • Julio 2000 al 13 de Abril del 2002 . La reacción oligárquica. La Revolución toca directamente los intereses más significativos de la burguesía nacional. La respuesta reaccionaria se expresa en la economía, la política, los medios de comunicación y los vestigios anquilosados de las antiguas Fuerzas Armadas. Arranca el Golpe de Estado Continuado (aún en proceso hoy). El Pueblo y la Fuerza Armada superan las más duras pruebas. La burguesía se concentra en la preservación sus privilegios a través del control de la renta petrolera.
  • 2002 – 15 de Agosto de 2004. Recuperada la riqueza nacional de la renta del petróleo, la Revolución comienza darle respuestas fundamentales y estructurales al pueblo a través de las Misiones Sociales. Hugo Chávez declara el carácter Antiimperialista de la Revolución Bolivariana e impulsa un giro nuestro-americanista en la región, ante las pretensiones imperiales neoanexionistas. La burguesía termina reconociendo formalmente la nueva Constitución (a conveniencia) para invocar el Referendo Revocatorio. El Pueblo y su Comandante aceptan el reto que se expresará en la más importante victoria popular electoral, cuya onda expansiva facilitará la consolidación de la Revolución en los años por venir.
  • 15 de Agosto 2004 al 05 de Marzo 2013. La Revolución, ya Antiimperialista, se asume Socialista. A partir del Proyecto Nacional Simón Bolívar, nace el Socialismo Bolivariano del Siglo XXI. El Pueblo se organiza en Consejos Comunales, Comunas y otras expresiones del movimiento popular. El Comandante comienza a entregarle el poder directamente a ese pueblo organizado. Las Misiones Sociales se expanden, surgen las Grandes Misiones. El ALBA, la UNASUR y la CELAC surgen con un fuerte influjo Bolivariano, contra hegemónico, como aportes al necesario mundo multipolar. Chávez se hace líder mundial, reconocido como redentor de los desposeídos y enemigo de los poderes capitalistas e imperialistas. La contrarrevolución (externa-interna) persiste en la conspiración permanente, pero se estrella sistemáticamente contra la moral y el Poder Popular. Inesperadamente el Comandante Chávez enferma, enfrenta las dificultades, es reelecto, se dispone a llevar la Revolución a una nueva etapa, radical, definitiva, pero fallece en plena batalla en Marzo 2013.
  • 05 de Marzo 2013, en adelante. La Revolución continúa a pesar de la ausencia de su Líder fundamental. Chávez no sólo nos deja el Proyecto fundamental cuyo desarrollo nos guía rumbo al socialismo (El Plan de la Patria), sino que deposita en Nicolás Maduro la fuerza y respaldo popular del Chavismo. Los enemigos de la Revolución consideran que las condiciones son inmejorables para erradicarla por completo. Ensayan con una terrible Guerra Económica, con violencia política de calle, con campañas nacionales y mundiales de desprestigio del liderazgo y la gestión revolucionaria. El Presidente Maduro cohesiona las fuerzas populares, expande la inversión social a pesar de los ataques a la economía y la guerra contra los precios del petróleo. En una acción imperialista sin precedentes, Washington declara a Venezuela como amenaza a su seguridad nacional. La derecha se hace de la mayoría en la Asamblea Nacional, a partir de estrategias electorales de guerra. El sistema constitucional institucional se activa para repeler el intento de restauración oligárquico, a través del control  de un poder público por parte de la burguesía. El pueblo se organiza en los CLAP, comenzamos a territorializar las Misiones y Grandes Misiones, se crea el Congreso de la Patria para consolidar la unidad y aportar al Gobierno Popular.

El pasado 02 de febrero, al cumplirse los 18 años de Gobierno Bolivariano, el Presidente Maduro reconceptualiza las etapas de la Revolución en el poder político, destacando el carácter fundamental en cada una de las fases que identifica:

1ra. 1999-2001.  Convocatoria y Activación del Poder Popular Constituyente.  Se trata del Proceso Fundacional Constituyente, aún en marcha. Dinámica constituyente que no empieza y termina con la nueva Constitución y las leyes que la desarrollan. A partir del poder originario del Pueblo, nos damos una Carta Magna que abre los caminos para recuperar nuestra independencia, nuestra dignidad y sienta las bases para refundar la República y construir el Estado Social, pre y pro socialista.

2da. 2001-2003. Arranque de la Arremetida Imperial Oligárquica. La burguesía reacciona y comienza el Golpe Oligárquico. Se aprueban  Leyes para que el Pueblo recupere su derecho a la tierra, a la vida, a la paz y la dignidad. Golpes de Estado, sabotaje petrolero. El pueblo le arrebata la renta petrolera en origen a la burguesía (PDVSA).

3ra. 2003-2004. Etapa de Profundización, Avance y Ofensiva de la Revolución Social. Nacen las Misiones Sociales. Alfabetización, Salud, Inclusión Educativa, Alimentación. Todo un sistema de protección social y garantía de nuestros derechos sociaes. La riqueza nacional a partir de la renta petrolera es invertida por primera vez en la historia en respuestas concretas para las grandes necesidades del Pueblo.  A partir de esta Ofensiva Social, comienza a preconfigurarse el Modelo Social de la Revolución, el Estado Social de las Misiones.

4rta. 2004 -2005. Carácter Antiimperialista de la Revolución Bolivariana. El 29 de febrero de 2004 el Comandante Chávez declara nuestra Revolución como Antiimperialista. Se confirma la participación abierta de los gobiernos de EEUU en cada etapa de la conspiración oligárquica. La oposición al ALCA y a la política de generación de Guerras por Recursos Naturales en el mundo, define la esencia contra-imperialista de una Revolución verdaderamente Bolivariana. La profundización de nuestra Independencia y el ejercicio de un Nuevo y Justo Antiimperialismo, serán expresión y acción constante de nuestro proceso.

5ta. 2005 en adelante. El gran desafío: El Socialismo Bolivariano del Siglo XXI. Entre diciembre de 2004 y enero de 2005, después de la gran victoria popular de agosto, Hugo Chávez concluye que la superación del capitalismo no admitía terceras vías y que se hacía indispensable arropar y desarrollar una alternativa Socialista, democrática y antiiperialista. El Comandante recrea, refresca y actualiza en varias dimensiones  el Socialismo para un nuevo siglo y su contexto:

  • El Socialismo en lo ético, espiritual: Los valores humanistas, las relaciones humanas solidarias y cooperativas de la sociedad en la que han de surgir la mujer nueva y el hombre nuevo.
  • El Socialismo en lo Político: La Democracia Participativa, Protagónica, Directa. El fin del gobierno de las élites. “El Pueblo que Puede”, con el Poder que le pertenece.
  • El Socialismo en lo Social: La lucha contra la exclusión y la pobreza. Las Misiones y Grandes Misiones como instrumentos del Pueblo superar la pobreza y satisfacer sus necesidades materiales, intelectuales y espirituales.
  • Socialismo en lo Económico: La superación del rentismo petrolero y la generación de un modelo productivo, endógeno y soberano. Las nuevas relaciones de producción, las diferentes clases de propiedad social. La lógica del capital y su acumulación, debe ser sustituida por la del proceso social del trabajo, la producción y la satisfacción de las necesidades del Pueblo. Las fuerzas creativas y productivas deben desatarse para cambiar estructuralmente el modelo.
  • Socialismo en lo Territorial: Para el Presidente Maduro, esta dimensión es el más importante aporte del Comandante Chávez al nuevo socialismo. La tomó de la noción de Toparquía desarrollada por el Maestro Simón Rodriguez. Es en el territorio, donde se sintetizan todas las expresiones del socialismo. En la Comuna, en los urbanismos, en el Barrio,  allí debe desarrollar el Pueblo organizado, el Poder Popular, el socialismo en todas sus dimensiones. Hoy, inspirados las “pedagogía para la organización” de Hugo Chávez, desde los Consejos Comunales, hasta los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), son espacios geohumanos para la construcción integral del Socialismo en lo concreto.

Esta 5ta etapa sigue su curso, está abierta. Los últimos años hemos enfrentado la más poderosa arremetida oligárquica imperialista. El Plan de la Patria es su instrumento fundamental. Nos recuerda el Presidente Maduro, que se trata del Legado Político, Teórico y Programático del Comandante Chávez. De este Plan Matriz se derivan la Agenda Económica Bolivariana con sus Motores, la Agenda de la Felicidad Social, con las Misiones, y los esfuerzos concretos de territorialización verdadera del socialismo. Son instrumentos fundamentales del Pueblo, para seguir avanzando en la transición definitiva. Instrumentos que deben cambiar la forma de gobernar, deben sembrar las políticas y la acción de gobierno “en las catacumbas”, en lo más profundo de nuestras comunidades.

Este 27 de febrero se cumplen apenas 28 años del arranque popular de nuestra Revolución. Cada paso dado, cada terreno ganado, cada victoria, cada logro, han ocurrido en medio de turbulencias, tormentas y huracanes. La fuerza inercial oligárquica restauradora no ha dado tregua. Conflictos dialéctico con impactos y secuelas en tiempo real. Pero, como dice Trotsky, el látigo de la contrarevolución es necesario para avanzar. La contrarrevolución venezolana persiste en la restauración del proyecto neoliberal. No logran asimilar que es imposible desplazar del poder político al Pueblo que se hizo Gobierno en 1999. Desde sus reductos de poder económico-financiero y mediático, tropezarán una y otra vez contra la historia misma.

El 02 de febrero pasado, el Presidente Maduro nos llamó a no retroceder nunca. Jamás ceder ante la adversidad. A contener, enfrentar y superar las agresiones, amenazas y dificultades, por el único camino posible: hacer la verdadera Revolución Socialista. Única vía para garantizar nuestra independencia total, garantizar nuestros derechos sociales y asegurar la existencia misma de la República y de la Patria. Por más resistencias que opongan, por más recursos que inviertan, la Revolución Bolivariana está en marcha indetenible. Nuestro desafío principal es seguir desarrollándola por vías pacíficas. Pero en cualquier circunstancia y por cualquier vía, nuestro destino está escrito, es inexorable: en Revolución permanente, el Socialismo Bolivariano y Chavista del Siglo XXI.