Intervención en el debate general del 72° período de sesiones de la Asamblea General de la ONU

Señor Presidente

Nos dirigimos a esta magna Asamblea en su 72° período en nombre del Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y, en consecuencia, en nombre de un pueblo soberano, amante de la Paz, el respeto entre las naciones y el cumplimiento de los principios más puros del Derecho Internacional, el Pueblo Bolivariano de Venezuela. En el siglo XIX, el ejército libertador de Simón Bolívar, salió de territorio venezolano, no para conquistar o dominar, sino para ayudar a pueblos hermanos a alcanzar su independencia, para luego regresar a casa, con la satisfacción de haberle sido útiles a la causa de la libertad y la igualdad. Ese es el espíritu que caracteriza a nuestro pueblo y al accionar de nuestro gobierno revolucionario en tiempos tan difíciles para la humanidad. Por eso siempre nos aferramos a la Diplomacia Bolivariana de Paz. Precisamente, estamos en la casa de la Paz, en el hogar de las soluciones pacíficas, en el territorio del derecho internacional y sus principios. Nos abraza y nos protege, la Carta de las Naciones Unidas, noble instrumento multilateral para evitar las guerras y las injusticias.

Este podio, por lo tanto, debería ser respetado, protegido, cuidado por todas las naciones. Una tribuna casi sagrada para los pueblos que apuestan por la paz y el entendimiento. Sin embargo, esta casa, la del multilateralismo y el respeto a la igualdad entre los pueblos y Estados, ha sido profanada, irrespetada y ofendida, una y otra vez, por poderes arrogantes, que pretenden imponer sus reglas de juego unilaterales, las reglas de la guerra, del sufrimiento y el dolor. Ya lo denunciaba, en este mismo sitio, con voz altisonante y estilo inigualable el Comandante Hugo Chávez en 2006, tratando de encender las alarmas para generar la contención necesaria para enfrentar las entonces ya graves amenazas unilaterales a la paz mundial. No obstante, hace una semana, esta sala y el mundo, a través de los medios de comunicación, fueron testigos de otra peligrosa profanación a los principios y fines de las Naciones Unidas. Cual emperador mundial, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, uso esta tribuna construida para la paz, para anunciar guerras, destrucción total de estados miembros, aplicación de medidas coercitivas unilaterales e ilegales, amenazando y juzgando a placer, como si tuviese poderes dictatoriales absolutos sobre los Estados soberanos miembros de nuestra organización. Paradójicamente, en un alarde de descaro e hipocresía política, Donald Trump, fundamentó sus ataques a la humanidad, sobre los valores de la paz y la prosperidad.

En nuestro caso, recordemos que ya el ex Presidente Barack Obama, con un estilo diferente, pero con el mismo objetivo, había definido mediante orden ejecutiva a la República Bolivariana de Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria, para la seguridad nacional de EEUU el 09 de marzo de 2015. Hoy, tenemos la obligación de denunciar ante el mundo, que nuestro pueblo ha sido amenazado directamente por el Presidente de EEUU con el uso de la fuerza militar más poderosa que haya existido en la historia de la humanidad, el 11 de agosto de este año. Como complemento a semejante anacronismo y ofensa a nuestra soberanía y la paz que ha caracterizado a nuestra América latina y caribeña, la administración Trump impuso sanciones económicas ilegales a nuestra economía el 25 de agosto, con la finalidad de hacer sufrir a nuestro pueblo, para forzar cambios no democráticos en nuestro sistema de gobierno. En su discurso de hace una semana, Donald Trump apeló a la trasnochada retórica ideológica de la guerra fría, al mejor estilo inquisidor de Richard Nixon y del Senador Joseph McCarthy, para reiterar sus amenazas contra nuestro país y contra la hermana República de Cuba. Venezuela siempre procurará el diálogo con respeto mutuo con el gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, como pueblo libre que somos, estamos dispuestos a defender nuestra soberanía, nuestra independencia y nuestra democracia en cualquier escenario y bajo cualquier modalidad.

Ante semejantes actitudes, Naciones Unidas debe generar mecanismos efectivos de neutralización de las pretensiones guerreristas y de las intenciones de suplantar el multilateralismo, que tanto esfuerzo ha costado consolidar, por el unilateralismo dictatorial de quienes pretenden imponer con el uso de las armas y el chantaje económico, la destrucción y el pensamiento único en nuestra diversa y heterogénea humanidad. En este sentido, el pasado martes, por unanimidad de sus 120 miembros, 2 tercios de esta augusta Asamblea General, el Movimiento de Países No Alineados aprobó la Declaración Política de Nueva York, como herramienta de denuncia, condena y acción conjunta contra las medidas coercitivas y unilaterales que determinados actores internacionales imponen en franca violación de la Carta de las Naciones Unidas. En nuestra intervención en nombre de la Presidencia del MNOAL en la plenaria del G77 más China del pasado jueves, propusimos hacer extensiva a este grupo de países que se centra en los asuntos económicos, la declaración de Nueva York, pues los despiadados ataques unilaterales contra las economías de nuestros pueblos, forman parte esencial de esas medidas ilegales, unilaterales y coercitivas. Debemos procurar con urgencia respuestas multilaterales para evitar la imposición de medidas coercitivas e incluso para que los gobiernos que las hayan impuesto ilegalmente, tengan la obligación legal de compensar a los pueblos que han sufrido sus efectos. Al respecto, condenamos todas las acciones unilaterales contra pueblos hermanos como Rusia e Irán, y especialmente la extensión del criminal bloqueo que contra la hermana República de Cuba que ha sido impuesto por más de 5 décadas, y que en esta oportunidad refleja la clara demostración de los nuevos aires del unilateralismo estadounidense.

Venezuela se opone tajantemente a la existencia de armas nucleares en nuestro planeta. Su posesión, somete a la humanidad a angustias y riesgos injustificables e inimaginables. Por ello, hemos firmado el pasado miércoles el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares. Debemos hacer un esfuerzo supremo, para que las crisis nucleares desescalen y desaparezcan (ojalá con sus armas) por la vía del diálogo y la racionalidad humanista.

En Materia de Derechos Humanos, Venezuela, país que en los últimos años ha hecho un esfuerzo supremo por garantizar la más amplia inversión social, redistribuyendo con justicia la riqueza nacional entre los venezolanos y venezolanas, precisamente para garantizar sus derechos humanos y sociales, también ha sido señalada y acusada por el gobierno de EEUU. Si algún país no merece pertenecer al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, es precisamente los Estados Unidos de América. Se trata del principal violador de derechos humanos, no sólo en su territorio, sino en todo el mundo. Guerras injustificadas, bombardeos a población civil, cárceles clandestinas con aplicación de métodos de tortura, imposición de medidas unilaterales ilegales contra economías de varios países, presiones económicas diversas, y temerarias políticas migratorias. Es el único país que se ha atrevido a utilizar armas nucleares contra otro pueblo, generando centenares de miles de muertes. Un país que, violando la institucionalidad esencial de la ONU, lideró la invasión de Iraq en 2003, bajo el argumento de la búsqueda de armas de destrucción masiva, que jamás encontraron, a pesar de las más de un millón de muertes que generó esa cruenta operación militar. Estados Unidos construye el muro en la frontera con México y hay propuestas de ley para pecharle 7% a las remesas de los inmigrantes, no para su seguridad social, sino para financiar la construcción del indigno muro. Utilizando datos verificables de los organismos y relatorías de la ONU, podemos concluir que: EEUU no ha ratificado el 62% de los principales tratados en materia de DDHH; en EEUU no existe institución independiente para la defensa y promoción de los DDHH; el Relator Especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales y arbitrarias denuncia la falta de independencia del poder judicial en EEUU; el confinamiento solitario es una práctica extendida en este país; la cifra de personas sin hogar alcanza los 3,5 millones, 1,5 millones de niños y niñas entre ellos; el 28% de las personas en pobreza no cuentan con cobertura alguna en salud; la tasa de mortalidad materna ha aumentado vertiginosamente en los últimos años, 10 mil niños están alojados en prisiones para adultos, los niños pueden ser condenados a cadena perpetua (70% de ellos afroamericanos); el relator especial para la educación ha denunciado el uso de descargas eléctricas y medios físicos de coerción en centros de estudio; EEUU es uno de los 7 países del mundo que no ha ratificado la convención para la eliminación de la discriminación contra la mujer; en EEUU la licencia remunerada por maternidad no es obligatoria; las denuncias sobre abusos policiales, especialmente contra la población afroamericana, son comunes, más de 10 millones de afroestadounidenses siguen en situación de pobreza, la mitad de ellos en situación de miseria; en un país donde la esclavitud se supone abolida, la decimotercera enmienda admite la esclavitud como modalidad de condena penal; una de cada tres mujeres indígenas estadounidense es violada a lo largo de su vida; se trata de un país donde la discriminación racial no sólo no está superada, sino que recrudece con las posiciones supremacistas del gobierno actual.

Disculpen el detalle, pero hay datos e información que los medios ocultan y que el mundo entero debe conocer.

Venezuela rechaza el terrorismo en todas sus modalidades, bien sea de grupos violentos anárquicos que amenazan hoy la paz y la estabilidad mundial, como también el terrorismo por parte de Estados que se arrogan el derecho de intervenir a placer en todo el mundo, procurando el control de recursos naturales estratégicos, utilizando para ello la fuerza militar sin compasión contra civiles inocentes. Vemos con dolor como el Mar Mediterráneo se ha convertido en un inmenso cementerio, muchas veces ante la mirada ciega e inclemente de Estados corresponsables de las crisis generadas en los países de origen de los migrantes, a través de la combinación de ambas variantes de terrorismo. Guerras inducidas y sangrientas como las prefabricadas contra Siria y Libia, sólo dejan desolación a su paso. Afortunadamente, el heroico pueblo y gobierno sirio, con el apoyo de justos aliados internacionales, está cada día más cerca de una victoria definitiva sobre los grupos terroristas. Venezuela hace votos por el éxito en los trabajos que está acometiendo el Secretario General Adjunto de la Lucha Contra el Terrorismo como jefe y coordinador general de la Estrategia Global de las Naciones Unidas. Venezuela espera que esas labores condenen, igualmente, el terrorismo de Estado.

Venezuela alienta al reinicio de las negociaciones de paz entre Palestina e Israel, cuyo proceso debe conducir al logro de una paz firme y duradera entre ambos Estados, reconociendo como fronteras de Palestina las existentes en 1967, de conformidad con el derecho internacional, así como al establecimiento de Jerusalén Oriental como su capital. Creemos que Naciones Unidas debe asumir un rol mucho más protagónico en la resolución de este conflicto histórico e injusto.

Agradecemos al Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, sus sinceros esfuerzos por facilitar la aplicación del Acuerdo de Ginebra mediante el mecanismo de Buenos Oficios, para procurar una solución práctica y satisfactoria para las partes, en el caso de la controversia territorial que mantenemos con nuestros hermanos y vecinos de la República Cooperativa de Guyana.

La Venezuela Bolivariana, siempre estará dispuesta para ayudar a abrir caminos de la paz. Por eso felicitamos la aplicación de los acuerdos de Paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, a los que tanto esfuerzo y energía le dedicaron, tanto el Comandante Chávez, como el Presidente Nicolás Maduro. Igualmente, seguiremos acompañando y facilitando las conversaciones entre el gobierno de Colombia y el ELN, que se desarrollan en la República del Ecuador.

Venezuela no es un país productor de drogas. Las instituciones internacionales así lo certifican. Colaboramos de manera soberana con todos los países vecinos y no vecinos en la lucha contra el narcotráfico. Manifestamos nuestra preocupación por el aumento de la producción de drogas en nuestra vecina Colombia. Sin embargo, siempre hemos denunciado que son los países consumidores los principales responsables, al constituir poderosos polos de atracción, tanto de la producción, como del tráfico de drogas, y deben asumir el control real de la entrada y distribución de estupefacientes en su territorio.

Tal como lo hemos venido trabajando desde hace años con el PNUD, para Venezuela avanzar en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es sencillo, pues nuestro Plan de la Patria en Marcha y la Agenda 2030, son instrumentos no sólo coincidentes, sino también complementarios. En cuanto a su financiamiento, bien saben ustedes que el 76% de los ingresos de Venezuela en los últimos 18 años se han destinado a la inversión social y seguirá aumentando. No hay ataque económico, ni sanciones ilegales, que impidan que el Presidente Maduro siga desarrollando políticas para garantizar los derechos sociales de nuestros compatriotas. Nos preocupa, eso sí, la inexistencia clara de fuentes de financiamiento para otros países hermanos que han expresado su voluntad de cumplir con la Agenda 2030, aunque carecen de los fondos necesarios para hacerlo. La ONU debe dedicarse a garantizar este noble financiamiento para el desarrollo integral y sostenible de todos sus estados miembros.

Tal vez no sea coincidencia, que días antes y durante este 72 periodo de sesiones, los efectos del tantas veces advertido proceso de cambio climático, se demostraran a través de la devastación y la muerte causada por el paso de huracanes consecutivos de magnitudes antes nunca vistas. Esto ocurría no muy lejos de Nueva York. La furia inusitada de estos fenómenos naturales afectó a nuestros hermanos y hermanas de varios países del Caribe. Los Primeros Ministros de Antigua y Barbuda, Gaston Browne y de Dominica, Roosevelt Skerrit, dirigieron dos extraordinarios discursos a esta Asamblea General, en los que expresaron con coraje y sentimiento, las verdades más absolutas y alertaron sobre la necesidad de acción conjunta concreta y urgente para evitar mayores estragos generados, indiscutiblemente, por el Cambio Climático. Roosevelt Skerrit afirmó que estos países pequeños están poniendo las víctimas de una guerra que no escogieron, que no empezaron y de la que no son parte. Se trata de la guerra de los países desarrollados y el sistema capitalista contra nuestra Madre Naturaleza. Recatamos hoy con mayor fuerza que nunca, la consigna de los movimientos sociales ambientalistas y ecologistas: no cambiemos el clima, cambiemos el sistema. La restauración de la infraestructura física y el uso de técnicas de construcción resistentes a los embates de nuevos fenómenos naturales, no puede recaer sobre los países y pueblos afectados, es una responsabilidad compartida y diferenciada, que deben asumir principalmente los países que más contaminan y aportan al cambio climático. En este contexto, y ante las evidencias de las secuelas de las que hemos sido testigos, nos parece insólito y hostil, que el Gobierno de EEUU, principal país contaminante, pretenda retirarse del Tratado de París, que, si bien no es una panacea, es un paso al frente colectivo para mitigar los efectos del cambio climático. ¿Cuántos huracanes, tifones, deslaves, procesos de subsidencia, sequías, ¿Cuántas muertes, cuántos heridos, cuántos países devastados hacen falta para determinar que el cambio climático, tal como lo han dicho los expertos de las propias Naciones Unidas, amenaza al planeta todo y es responsabilidad de todos revertirlo?

La República Bolivariana de Venezuela ofrece sus condolencias a los gobiernos y familias afectadas por los huracanes sucesivos en el Caribe y Estados Unidos, así como por las víctimas de los terribles terremotos en nuestra hermana México. Si bien hemos procurado atender de manera inmediata y solidaria las emergencias en nuestra región, el Presidente Nicolás Maduro seguirá facilitando el apoyo necesario, no sólo el que está a nuestro alcance, sino todo aquel que podamos ayudar a coordinar y a dirigir para ayudar a nuestros hermanos de América Latina y el Caribe.

El pueblo de Venezuela, como decíamos al principio de nuestra intervención, es sujeto de agresiones permanentes por parte de poderes hegemónicos, que pretenden apoderarse de nuestras riquezas naturales: la primera reserva de petróleo del mundo, una de las más importantes de gas, de oro, diamante, coltán, hierro, aluminio, torio, diversidad biológica, recursos hídricos, tierras fértiles, entre otras. Hemos sufrido ataques multiformes contra nuestra economía, nuestra moneda, nuestra capacidad de producción. Los ataques han incluido la generación inducida de violencia política interna, por parte de factores políticos que han tratado de llegar al poder por vías no democráticas desde el año 2002. Este año sufrimos cuatro meses de violencia política dirigida una vez más a derrocar al Presidente Maduro. Tras la tensión y el dolor por las muertes injustificables, la violencia de la oposición fue neutralizada y aplacada por la gran demostración democrática y popular del 30 de julio, en la que más de 8 millones de venezolanos y venezolanas acudieron a votar por la Paz, para elegir una ciudadana, soberana y plenipotenciaria Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Los últimos actos de violencia de la derecha extremista venezolana, ocurrieron precisamente ese 30 de julio, para tratar de impedir que el pueblo saliera a votar. La paz política total retornó al país a partir del 31 de julio, fuimos testigos de la Paz Constituyente. Nuestra Asamblea Nacional Constituyente, en convivencia y respeto con el resto de los poderes constituidos, se ha convertido, no sólo en pacificadora y protectora del pueblo, sino en instrumento por excelencia para el diálogo nacional y la legítima atención de los problemas más urgentes del país.

La nuestra es una democracia activa y popular. En Venezuela hemos organizado 22 procesos electorales en 18 años. De ellos la Revolución ha triunfado en 20 elecciones. Siempre hemos desarrollado el diálogo social, como método de profundización de nuestra democracia. Por eso, saludamos también que la oposición política venezolana haya decidido reencauzarse por el camino de la democracia y la Constitución al participar todos sus partidos en las elecciones de gobernadores del próximo 15 de octubre. Como celebramos que el Presidente Danilo Medina de República Dominicana, los expresidentes Rodríguez Zapatero de España y Leonel Fernández de República Dominicana, hayan tomado y concretado la iniciativa de diálogo que el Presidente Maduro anunció justo después de la instalación de la ANC, y hayan convocado a las partes a un proceso al cual se han sumado Nicaragua, Bolivia; México y Chile. Agradecemos el sincero apoyo de estos países y gobiernos amigos, para propiciar la única solución posible: pacífica, constitucional y soberana, es decir, construida entre los venezolanos y venezolanas.

En estos tiempos de turbulencias en el mundo, queremos ver unas Naciones Unidas, realmente unidas. Cualquier proceso de reforma debe pasar por la participación e inclusión de todos sus miembros. Necesitamos una ONU que, como dijimos hace unos minutos, sea realmente efectiva para neutralizar las iniciativas violentas, hegemónicas y unilaterales. Que sea capaz de trabajar en conjunto con todos los Estados miembros, sin sesgos hegemónicos. Un sistema de Naciones Unidas que identifique y advierta las verdaderas causas de los grandes problemas que hoy sufre la humanidad, y se decida a atenderlas sin distracciones, ni presiones que valgan, respetando siempre los principios de nuestra Carta. Es tiempo de definiciones, la pugna histórica entre el sano multilateralismo y el perverso unilateralismo, está en punto máximo. Tomemos decisiones pensando siempre en los más humildes, en los excluidos, en los que más necesitan de nosotros, en nuestra madre naturaleza. Seamos capaces de ver a los ojos de nuestros hijos y nietos, con la satisfacción de haber detenido lo peor y haberles garantizado un futuro mejor, de paz, de salud y sonrisas. Construyamos, desde Naciones Unidas, lo que nos pidiera diseñar el Libertador en 1815, aquel sistema de gobierno que nos brinde la mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política.

Desde la casa del multilateralismo, decimos que viva el multilateralismo, desde el espacio del derecho internacional, que viva el derecho internacional, desde el hogar de la paz, que viva la paz mundial. Desde el corazón de Venezuela, cuenten con el Gobierno Bolivariano del Presidente Nicolás Maduro, para cerrar filas en torno a la justicia, el humanismo y la paz. Como le escribió el Libertador al entonces Presidente del Perú, José de La Riva Agüero, el 13 de abril de 1823, “me inclino a pensar que, si es indispensable, el AMOR a la PATRIA, Vencerá”. Asimismo, tenemos nosotros la indispensable certeza, que en cualquier circunstancia el Amor por la Venezuela Bolivariana, soberana, de paz, el amor a nuestro pueblo trabajador, el amor a nuestra gente de bien, el amor a la Patria vencerá, triunfará, prevalecerá. ¡Siempre Venceremos!

Muchas Gracias

Nueva York, 25 de septiembre de 2017

Intervención ante la 36° sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas

Señor Presidente, altas autoridades:

Me dirijo a este Consejo de Derechos Humanos, en nombre del pueblo de la República Bolivariana de Venezuela y de su Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros. Hoy es 11 de septiembre. Fecha triste en nuestro continente. En el sur, en Chile, en 1973, una acción militar golpista y terrorista fulminó una hermosa experiencia democrática y desató un régimen de terror que gobernó sin clemencia durante 17 años, cometiendo violaciones múltiples a derechos humanos que aún hoy esperan por la justicia. Detrás del golpe y la muerte de Allende, se demostró la participación confesa los Estados Unidos de América.

En 2001 también, los ataques terroristas atroces en Nueva York, no solamente provocaron muerte y dolor para el pueblo estadounidense, sino que se convirtieron en pretexto para generar guerras crueles en Afganistán e Irak, guerras que aún perduran. En Irak, por ejemplo, una guerra desatada sin la aprobación de Naciones Unidas, se tradujo en bombardeos a la población civil, la devastadora destrucción del patrimonio cultural, la infraestructura y los servicios. Un millón de muertos y quien sabe cuántos heridos y lisiados más tarde, el gobierno de Estados Unidos confesó no haber encontrado rastro de las armas de destrucción masiva, argumento que sirvió de justificación de la invasión, mucho menos encontraron vínculos del derrocado gobierno iraquí con los ataques del 11 de septiembre en Nueva York.

Hacemos referencia a estos 11 de septiembre, porque el terrorismo, en cualquiera de sus modalidades, bien sea por parte de Estados que se arrogan el derecho a intervenir en todo el mundo por antojo, como de grupos violentos anárquicos que amenazan hoy la estabilidad mundial, representan una grave amenaza contra la paz y estabilidad mundial. Los despojos coloniales y estas modalidades combinadas y a veces vinculadas de terrorismo, han provocado masivas migraciones y guerras intestinas sangrientas en los países a los cuales el imperialismo moderno pretendió controlar para asegurarse sus recursos naturales. Sociedades hoy sin garantía alguna de sus DDHH, tanto en sus países como en los procesos de migración.

Venimos a este Consejo en defensa de la verdad de Venezuela. Pero también venimos en defensa de los principios de ese esfuerzo colectivo por construir una institucionalidad verdaderamente comprometida con los pueblos y no al servicio de las agendas de dominación de los poderosos del mundo.

Señor Presidente;

En 1993 los Estados que integran esta Organización de Naciones Unidas aprobaron la “Declaración y el Programa de Acción de Viena“, expresando allí el consenso sobre cuestiones fundamentales en materia de derechos humanos entre las naciones con diferentes riquezas culturales y en diferentes niveles de desarrollo. La Declaración de Viena estableció con absoluta claridad los grandes principios que deben regir el examen de los asuntos de derechos humanos:

La creación de este Consejo de Derechos Humanos en el año 2005 fue la oportunidad para ratificar y profundizar los principios surgidos de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos. Según su carta fundacional, este importante órgano del sistema de Naciones Unidas surgió reconociendo la importancia de: “garantizar la universalidad, objetividad y no selectividad en el examen de las cuestiones de derechos humanos y de eliminar la aplicación de un doble rasero y la politización” en ese examen.

Lamentablemente, señor presidente y distinguidos representantes permanentes, la historia reciente está plagada de casos donde el uso político, selectivo y parcializado del tema de los derechos humanos es la estrategia empleada por parte de aquéllos que buscan imponer una sola visión del mundo, en clara violación de las normas y principios universalmente aceptados en esta materia.

La estrategia que han aplicado contra mi país desde algunos centros de poder, es claro ejemplo del uso de los derechos humanos como arma política con fines de dominación. Día tras día se vierten acusaciones sin fundamento sobre la situación de derechos humanos en Venezuela.

En noviembre de 2015, el Presidente Nicolás Maduro, en esta misma sala, alertó sobre la imperiosa necesidad de perfeccionar el sistema de Naciones Unidas, sobre todo este Consejo de Derechos Humanos, a los fines de evitar que los organismos sean convertidos en arma política contra gobiernos y procesos independentistas y soberanos. Esa alerta conserva hoy plena vigencia. Es necesario proteger este importante órgano de las amenazantes pretensiones de una burocracia que intenta desesperadamente desconocer y suplantar la voluntad soberana de los Estados aquí representados.

Venezuela está profundamente comprometida en cooperar con el Consejo de Derechos Humanos y sus mecanismos, a fin de lograr que se consolide como un órgano eficiente, objetivo y fiel a los verdaderos principios que sirven de base a los derechos humanos. Un órgano que contribuya a impulsar la promoción y protección de todos los derechos humanos.

Por ello, nuestro país ha venido permanentemente informando y denunciando ante este Consejo y otras instancias del Sistema de Naciones Unidas, el comportamiento selectivo, parcializado y politizado de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en contra de Venezuela. Las más recientes acciones de esa oficina confirman todas nuestras denuncias. La Oficina del Alto Comisionado debe realizar sus actividades en estricto cumplimiento del mandato establecido por la Asamblea General, actuando a solicitud de los Estados Miembros, sin extralimitarse en sus funciones. Su trabajo debe ser objetivo e imparcial. Los recientes intentos de informes contra Venezuela, carecen de rigor metodológico, son infundados, inducidos y direccionados para perturbar la soberanía, la paz y la estabilidad de nuestro Pueblo.

Hoy mismo en la mañana el Alto Comisionado para los Derechos Humanos hizo referencia a supuestos informes contra Venezuela.

Con todo respeto, pero con la firmeza y la moral que nos otorga nuestro pueblo valeroso, su historia y luchas por la libertad, le exigimos al señor Alto Comisionado para los Derechos Humanos que cese la agresión contra Venezuela a través de informes que no cuentan con el mandato de los estados miembros, pero que además están plagados de mentiras, datos incomprobables, argumentos tergiversados y ofensa a nuestro país. Nos preguntamos a veces si la Oficina del Alto Comisionado actúa bajo las normas de este Consejo y la Asamblea General. En ocasiones parece responder a a intereses inconfesables.

Si algún país puede ser cuestionado por violación de derechos humanos y debe evaluado objetivamente por este cuerpo, es precisamente Estados Unidos; violaciones a derechos humanos tales como: guerras ilegales, bloqueos económicos, medidas coercitivas, muros indignos para separar a los pueblos, cárceles ilegales como Guantánamo, cárceles secretas de la CIA donde secuestran y torturan a ciudadanos del mundo, entre otras muchas,
Señor Presidente,

Entre los meses de abril y julio de 2017 Venezuela fue el escenario de una nueva escalada de violencia política promovida por sectores de la oposición al Gobierno del Presidente Nicolás Maduro. Durante estos cuatro meses los venezolanos estuvimos sometidos a diversas expresiones de violencia, como parte de una estrategia recurrente utilizada para intentar dirimir las diferencias políticas que existen en nuestro sistema democrático, por vías inconstitucionales.

Durante estas acciones, los grupos antigubernamentales recurrieron de manera sistemática al uso de armas de fuego; colocación de barricadas y trampas mortales; uso de armas de fabricación casera y explosivos, configurando un patrón de daño a civiles y a efectivos de los cuerpos de seguridad, en violación de los principios de la manifestación pacífica consagrados en nuestra Constitución y en los tratados internacionales.
El resultado de estas acciones fue la lamentable pérdida de 121 vidas humanas, cifra que dio el Ministerio Público de Venezuela con la anterior gestión. La mayoría de estas muertes son directamente atribuibles al accionar violento de los grupos antigubernamentales.

Más de 829 funcionarios de los cuerpos de seguridad lesionados, incluidos 73 heridos por arma de fuego y 913 ataques contra hospitales, escuelas, centros de distribución de alimentos y demás organismos encargados de la garantía de los derechos humanos. Incluso una organización no gubernamental con estatus consultivo fue atacada en diversas ocasiones por los grupos violentos. En 16 de los casos se estableció el uso desproporcionado de la fuerza como motivo y todos los funcionarios están puestos a la orden de la justicia venezolana.

En este período los grupos violentos desarrollaron dos prácticas inéditas en la historia reciente de nuestro país: la primera, aunque no lo crean en este Consejo, incendiar vivas a las personas en razón de su opinión política, incluso, de su apariencia.

La segunda de estas prácticas altamente cuestionable fue la utilización de niños, niñas y adolescentes para preparar bombas incendiarias, custodiar barricadas y agredir a los funcionarios de los cuerpos de seguridad. Esta práctica dio lugar a diversos pronunciamientos de UNICEF en Venezuela, los cuales aprovechamos la ocasión para agradecer. Es la verdad de Venezuela que ha sido deliberadamente omitida por los medios de comunicación, por algunos Estados y por la oficina del Alto Comisionado de derechos humanos.

Señor Presidente;

En los últimos años la República Bolivariana de Venezuela ha sido sometida a una agresión multiforme contra su economía, que incluye el contrabando de extracción, la manipulación del precio internacional del petróleo, el férreo ataque a su moneda, la perforación del sistema de precios y el bloqueo económico y financiero, entre otras medidas destinadas a detener el proceso de desarrollo económico en nuestro país, esas han sido parte de la receta. Detrás de todas esas acciones se encuentra el desespero imperial por destruir la paz, la estabilidad, la democracia y las instituciones de la Venezuela y con ello controlar las mayores reservas de petróleo del planeta, el gas, el oro, el diamante, el coltán, el torio, y las reservas acuíferas y diversidades biológicas más importantes.

En este marco, el 11 de agosto de este año, el propio Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con usar la fuerza militar para intervenir en Venezuela. No conforme con ello, el 25 de agosto, el Gobierno imperial impuso medidas coercitivas unilaterales contra la República Bolivariana de Venezuela, formalizando groseramente los mecanismos de agresión económica que se han venido desarrollando contra Venezuela a partir del año 2013.

Estas medidas dañinas contra nuestros instrumentos financieros e industria petrolera, vulneran los derechos humanos de nuestro pueblo, así como el bloqueo ilegal contra la hermana república de Cuba, extendido por un año más el pasado viernes, ha violado los derechos humanos del pueblo de Martí durante más de 55 años.

Este Consejo ha reconocido que las medidas coercitivas unilaterales son contrarias al derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y las normas y principios que regulan las relaciones pacíficas entre los Estados.

Por ello hoy, en esta sala, denunciamos ante el Consejo las ilegítimas e ilegales sanciones ilegales impuestas unilateralmente contra Venezuela para atacar el modelo de derechos humanos de la Revolución Bolivariana y provocar dificultades y sufrimientos al Pueblo venezolano.

Señor Presidente;

A pesar de las agresiones imperiales, Venezuela no ha dejado de desarrollar su modelo de protección de DDHH. El nuestro, sigue siendo uno de los países menos desiguales del continente americano. El 73% de nuestro presupuesto está destinado a la inversión social. El Índice de Desarrollo Humano pasó en Venezuela en menos de 15 años de Medio a Alto ubicándose actualmente en 0,76. En Venezuela para este año 2017, nueve de cada diez personas con derecho a pensión de seguridad social disfrutan de este derecho, acercándonos.

En los últimos 5 años se han construido y entregado más de 1.737.166 viviendas. Desde el año pasado el 100% de nuestros compatriotas cuentan con cobertura gratuita y de calidad en atención primaria de salud. Nada ni nadie podrá detenernos.

El Plan Nacional de Derechos Humanos, anunciado por el Presidente Nicolás Maduro ante este Consejo en noviembre de 2015 y aprobado en febrero de 2016 continúa en plena implementación. Aquí lo tenemos, fue presentado ante este Consejo. Este Plan fue el resultado de un amplio e inclusivo proceso de consulta pública. Se trata de una medida histórica, pues en Venezuela nunca había elaborado un Plan de esta naturaleza.

Señor Presidente;

Venezuela tiene hoy un sólido modelo de democracia participativa y protagónica, donde es el pueblo quien define y rige los destinos de nuestra nación. En los últimos 18 años en Venezuela se han realizado 22 procesos electorales, convirtiendo el ejercicio del derecho al sufragio en una práctica cotidiana para nuestro pueblo.

La más reciente elección se realizó el 30 de julio para escoger los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente. En octubre de este año el pueblo venezolano volverá a ejercer su derecho al voto para escoger gobernadores de Estado. Ayer, Sr. Presidente, la oposición venezolana desarrolló en paz sus elecciones primarias para definir sus candidatos a las gobernaciones; apenas hubo una trifulca entre partidos de la oposición venezolana en el Estado Zulia.

Gracias al Diálogo y a la Asamblea Nacional Constituyente, la oposición en Venezuela, parece retornar al camino de la legalidad y la democracia, muy pronto, seremos testigos también de señales del proceso de diálogo, gracias a la mediación de amigos y a la voluntad del Presidente Nicolás Maduro.

La elección de la Asamblea Nacional Constituyente ha devuelto la paz al país, luego de más de cuatro meses de acciones violentas protagonizadas por sectores extremos de la oposición. Esta Asamblea Constituyente, de conformidad con la Constitución y la doctrina jurídica nacional e internacional, es la máxima expresión del poder soberano del pueblo y se encuentra facultada para transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución.

Es importante señalar que en Venezuela, la última muerte y la última protesta se registró el 30 de julio, día de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente. Desde entonces, aunque los medios de comunicación así no lo señalen, ni lo reporte la Oficina del Alto Comisionado, nuestro país está en la más absoluta paz.

En cumplimiento de su labor, la Asamblea Nacional Constituyente creó la Comisión para la Verdad, la Justicia, la Paz y la Tranquilidad Pública. Esta Comisión será la encargada de investigar los hechos de violencia por motivos políticos ocurridos en Venezuela desde 1999 hasta julio de 2017.

Señor Presidente;

Venezuela, al frente de la Presidencia del Movimiento de de Países No Alineados, procurará seguir avanzando en la protección y promoción de los derechos humanos en el mundo, incluyendo el derecho al desarrollo. Saludamos la creación por parte de este Consejo, del Relator Especial sobre el derecho al desarrollo y reiteramos todo el apoyo de los 120 estados del MNOAL a su mandato. También desde el MNOAL continuaremos rechazando las medidas coercitivas unilaterales la promulgación de leyes extraterritoriales, que obstaculizan el disfrute de los derechos humanos y vulneran la soberanía de los estados.

Venezuela y el MNOAL reiteran su apoyo a la causa Palestina, al derecho inalienable de ese histórico pueblo en resistencia a la autodeterminación, a ser un Estado Libre e Independiente, sobre la base de las fronteras establecidas por la ONU en 1967. Basta de aceptar impunemente la violación permanente a los derechos humanos del Pueblo Palestino.

Presidente,

Venezuela ratifica su plena disposición de cooperar con el sistema de Naciones Unidas y este Consejo de Derechos Humanos. Como parte de esta voluntad, me permito anunciarle que nuestro país ha decidido formular la invitación a tres procedimientos especiales de este Consejo para visitar Venezuela en los próximos meses.

De igual forma, hay que decir lo bueno y lo malo, Venezuela está solicitando cooperación técnica a la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos para la implementación de las 193 recomendaciones aceptadas en el marco del Examen Periódico Universal, reconociendo la importancia de ese mecanismo de diálogo constructivo e intercambio de buenas prácticas entre los Estados.

Como dijo nuestro Presidente Nicolás Maduro en esta misma Sala: “No será la primera vez que derrumbemos las mentiras con la poderosa fuerza de la verdad que tiene nuestra Patria”.

El Comandante Hugo Chávez, siempre nos recordaba al Libertador Simón Bolívar cuando nos anunciaba en 1819 lo siguiente: “el sistema de gobierno más perfecto es aquel que le brinda a su pueblo la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”.

Para la Venezuela Bolivariana, para la diplomacia Bolivariana de Paz, parafraseando a Bolívar, el objetivo fundamental es construir un sistema internacional donde se procure a los pueblos del mundo la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de independencia y estabilidad política y económica, es decir, un mundo donde se respeten y se garantice el pleno disfrute de los derechos humanos, respetando los valores y principios del Derecho Internacional.

En nombre del Presidente Nicolás Maduro y del Pueblo Bolivariano de Venezuela, le agradecemos Sr. Presidente esta oportunidad.

El país que es punta de lanza de la agresión contra Venezuela

Reflexiones de un intelectual colombiano sobre la realidad de su país y los ataques a Venezuela !Nos duele Colombia!


Renán Vega Cantor, historiador.
Renán Vega Cantor, historiador colombiano
“Hay que invadir militarmente a Colombia para apoderarse de las riquezas de Venezuela”. Paul Coverdale, Senador de los Estados Unidos y ponente del Plan Colombia, 1999

Estimados compañeros y compañeras de Buenos Aires:

Les escribo desde un país que exhibe los peores indicadores de terrorismo de Estado y de violación de los derechos humanos en Sudamérica. En ese país en donde se han asesinado a 3000 dirigentes sindicales en los últimos 30 años (un promedio de cien por año), y apenas hace cuatro días fue asesinado Mauricio Fernando Vélez, vicepresidente del sindicato de trabajadores de la Universidad del Valle.

En ese país han sido asesinados unos doscientos dirigentes sociales y populares en los últimos dos años, como es el caso del líder de la población afrodescendiente Bernardo Cuero, asesinado el 7 de junio.

En ese país está en marcha un feminicidio abierto contra las mujeres pobres y trabajadores, 400 de las cuales han sido asesinadas en el primer semestre del 2017, como expresión del machismo clerical que aquí impera. Uno de esos casos se presentó en diciembre de 2016, cuando un individuo perteneciente a las clases dominantes, de nombre Rafael Uribe Noguera, un “hombre de bien”, como dicen los medios de desinformación, quien con sevicia secuestró, violó, torturó y asesinó a la niña Yuliana Samboni, hija de una familia de desplazados de una comunidad indígena del Cauca.

En ese país, según denunciaba Amnistía Internacional a finales de abril de 2017, se presenta una “ola de asesinatos de indígenas”. El 19 de abril fue asesinado Gerson Acosta, gobernador del Resguardo Kite Kiwe, en el municipio de Timbio, Cauca, a pesar de contar con medidas de protección del Estado.

En ese país fueron asesinados más de 500 defensores de Derechos Humanos en los últimos 10 años, 80 de ellos en el 2016. En promedio cada cuatro días es asesinado un defensor de derechos humanos.

En ese país fueron asesinados 107 ambientalistas en el 2016, algo que no resulta sorprendente si tenemos en cuenta que este mismo país es uno de los más biodiversos del planeta, y sus variadas riquezas naturales están en la mira de grandes empresas transnacionales, que suelen financiar a sicarios y asesinos paramilitares.

En ese país se presenta la mayor cantidad de desplazados internos de todo el mundo, puesto que según informaciones del Consejo Mundial para Refugiados, hasta diciembre de 2016 se habían expulsado a 7,2 millones de personas de sus tierras y lugares de residencia, superando a países como Irak, Siria, Sudan o Libia.

En ese país han sido asesinados ya cuatro miembros de una insurgencia desmovilizada, apenas habían salido de la cárcel (recordemos que el actual presidente de ese país continuamente anunciaba el dilema de “La cárcel o la muerte”, pero ahora parce haberse actualizado el eslogan con el dicho de Primero la cárcel y luego la muerte), además han sido asesinado ocho familiares de ex guerrilleros, como parte de una campaña de exterminio en marcha. El primer insurgente asesinado fue Luis Alberto Ortiz Cabezas, en Tumaco, el día donde fue vilmente ultimado en abril de 2017, solo quince días después de haber salido de la cárcel.

En ese país, el 10% de la población más rica gana cuatro veces más que el 40% más pobre.

En ese país, según el Índice de Theil (que mide la distribución de la renta, o la desigual distribución de la riqueza), pasó de 0,807 en 2000, a 0,831, en 2013. Tan desigual es este país que el afamado economista Thomas Piketti dejando de lado la diplomacia que caracteriza a cierto tipo de académicos cuando hablan del lugar al que son invitados, sostuvo a comienzos de 2016 que “este país es uno de los más desiguales del mundo”.

En ese país, según una Comisión de Expertos en tributación nombrada por el propio gobierno, sus verdaderos dueños, los grandes supermillonarios, evaden anualmente unos 30 billones de pesos, mediante exenciones o deducciones.

En ese país, la corrupción del sector público y privado alcanza tal magnitud que en un solo negociado, el de la Refinería de Cartagena, los sobrecostos de su modernización alcanzaron la cifra de 4 mil millones de dólares, una cifra que corresponde a algo así como a 1,5 veces el costo de ampliar el canal de Panamá, una de las obras de infraestructura más costosas de América Latina.

En ese país, donde se presume mucho de practicar la libertad de prensa, cinco grandes grupos económicos son propietarios de los principales medios de comunicación (radio, televisión y prensa escrita).

El país del que les habló es COLOMBIA, cuyo presidente ha sido galardonado el año anterior con el “NOBEL DE LA PAZ”, lo cual en verdad debería leerse como el NOBEL DE LA MUERTE, lo cual no es raro que ocurra por los nefastos antecedentes de ciertos personajes que han recibió tal premio (Barack Obama, Henry Kissinger, Simon Perez, entre otros notables criminales de guerra).

Pero nada de lo anteriormente mencionado es noticia para los grandes conglomerados mediáticos, ni tampoco parece preocupar a cierta intelectualidad biempensante que ha retomado, para referirse al caso venezolano, la teoría de los dos demonios a la hora de intentar explicar la violencia que allí se ha desatado en las últimas semanas.

Es bueno preguntarse, por qué razones ese país, Colombia, no aparece nunca mencionado como el paraíso de la desigualdad, la antidemocracia y la injusticia en el continente y por qué razones no existe una solidaridad con el sufrido pueblo colombiano por parte de intelectuales y vedettes académicos –algunos de los cuales desde Europa y otros lares nos suelen visitar con relativa frecuencia–. Lo llamativo es que muchos de esos mismos intelectuales –y usamos un término completamente desprestigiado, porque como decía Eduardo Galeano esa noción separa el corazón de la razón, o el pensamiento del sentir– se pronuncien con tanta beligerancia contra el gobierno Venezolano, pero nunca nombren al régimen criminal y al terrorismo de Estado imperante en Colombia.

Y existe un hecho adicional que hace más preocupante el silencio sobre lo que sucede en Colombia –en donde el terrorismo de Estado no ha dejado de operar, a pesar del discurso sobre la paz– y es que precisamente este es uno de los países que se han convertido en punta de lanza de esa doble tenaza que amenaza a la revolución bolivariana: la intervención imperialista de los Estados Unidos y la subversión interna de los golpistas abiertos y disfrazados.

En efecto, hasta un ciego puede ver el papel activo del bloque de poder contrainsurgente que domina a Colombia (formado por su Estado y sus clases dominantes) en el saboteo que soporta Venezuela, y un papel relevante en diversos planos: político, económico, mediático y
militar. Económico, por los procesos de contrabando, que desangran a la economía venezolana y que hacen llegar productos a muy bajo costo al territorio colombiano (principalmente petróleo), que enriquece a diversos grupos, entre ellos paramilitares. Político, porque es clara la abierta intervención del Estado colombiano, empezando por el actual gobierno, en los asuntos internos de Venezuela, con su apoyo a la mal llamada “oposición”, y respaldando a la desprestigiada OEA. Esa intervención política se ha renovado recientemente con la reunión entre Juan Manuel Santos y Donald Trump, donde con cinismo se anunció que “seguiremos trabajando sobre situación de Venezuela”, que quiere decir “seguiremos interviniendo y saboteando al gobierno legítimo del vecino país”. En el caso de Juan Manuel Santos, su intervencionismo es más vergonzoso, si tenemos en cuenta la contribución de Venezuela al desarrollo de los diálogos con las FARC.

Mediático, porque la prensa colombiana, controlada por los dueños de este país, libra desde siempre una campaña de calumnia, mentira y desprestigio contra el proceso venezolano, como parte de una matriz mediática orquestada desde el corazón del imperio, donde los medios colombianos cumplen un papel central. Leer un diario de este país, escuchar una emisora de radio o ver un canal de televisión cuando se refieren a Venezuela es asistir a un coctel repleto de todo tipo de infundios, que llegan a planos de un realismo mágico invertido, que de no ser por el objetivo criminal que persiguen solo causarían risa. ¿De cuándo acá medios de desinformación como RCN, Caracol, El Espectador, El Tiempo o la Revista Semana se preocupan por los niños que sufren hambre y desnutrición en Venezuela, como si en Colombia no estuvieran muriendo de inanición niños indígenas en la Guajira y negros en el Choco?

Militar, porque desde hace años hay grupos paramilitares de origen colombiano operando en territorio venezolano, con un claro y abierto respaldo de los jefes paramilitares (conocidos políticos) que actúan impunemente desde Colombia, donde además se refugian una gran parte de golpistas (Carmona el “breve”, golpista del 2002 recibió asilo político en este país) y de criminales, incluyendo los de “cuello blanco”, que han delinquido en Venezuela, pero que aquí son presentados como “perseguidos políticos”.

Tan abierta y beligerante es el papel que cumplen el bloque de poder contrainsurgente en Colombia como punta de lanza de la agresión contra Venezuela, que acá un tema de discusión permanente está referido a lo que en forma vulgar se ha denominado como castro-chavismo, hasta el punto que cualquier reflexión crítica –y aquí no abundan, puesto que la intelectualidad es igualmente funcional a ese paradigma contrainsurgente que odia a los venezolanos pobres y mulatos y admira a los millonarios y oligarcas– es inmediatamente descalificada y rechazada. ¡Por algo, debido al papel de quinta columnas del imperialismo estadounidense que han desempeñado las clases dominantes de Colombia y sus intelectuales orgánicos, a nuestro país se le conoce en el mundo como el Caín de América Latina o el Israel de Sudamérica!

Esa postura del régimen santista y de los círculos dominantes en la política colombiana y en sus medios de desinformación, nos avergüenza como latinoamericanos, máxime cuando conocemos algo de la historia trágica de nuestro continente y cuando vemos que hoy se vuelve
a poner en marcha el guion golpista y contra-revolucionario que en anteriores ocasiones ha funcionado en países como Guatemala (1954), República Dominicana (1963-1965), Chile (1973), Nicaragua (1990), cuyo costo ha sido sangriento para millones de habitantes pobres de esos países.

Hoy es evidente lo que está en juego y lo que interesa a los intervencionistas y a sus socios internos, en Colombia, Venezuela y más allá: eliminar un proyecto que, con todas sus limitaciones y contradicciones, se ha atrevido a tocar intereses estratégicos. Lo que hoy se llaman Derechos Humanos, Democracia, Libertad… por parte de los Estados Unidos, la OEA, los gobiernos abyectos de Colombia, México, Argentina, Brasil…, así como de la mal llamada “oposición venezolana” son simplemente eufemismos para no nombrar en forma directa el interés supremo: EL PETROLEO VENEZOLANO. Este es, y dejémonos de volteretas analíticas innecesarias, el verdadero objetivo de lo que quieren derrocar el régimen constitucional en Venezuela, como también lo ha sido en Irak o en Libia, lugares en los que se repitió la misma cantaleta, la cual condujo a la terrible violencia, que en esos lugares ha dejado miles de muertos y el caos generalizado.

Si llegase a imponerse la tal “oposición”, responsable principal del desangre que hoy viven los hermanos venezolanos, uno tendría que ser muy ingenuo, iluso e ignorante de los elementos básicos de la historia de nuestro continente, para creer que esto va a representar un avance democrático para Venezuela y el continente. Dejémonos de engaños y mentiras, lo que se va a imponer va a ser una terrible dictadura, así sea de apariencia civil, a la colombiana, cuyo objetivo es el de desmontar los avances sociales que, en medio de dificultades se han alcanzado en el país vecino, pero sobre todo eliminar del escenario político e histórico a los sectores populares, que es el gran logro de Rafael Chávez. De ahí el odio contra el chavismo, por el carácter plebeyo de su composición social, tras el cual alumbra otro tipo de democracia, que va más allá de la democracia liberal, con sus fetiches institucionales que tanto deslumbran a ciertos intelectuales de Europa y a algunos de sus émulos de estas tierras.

Eso es lo que está en juego y por eso en este momento trascendental no podemos andar con medias tintas ni con compromisos abstractos con la democracia liberal o con los Derechos Humanos, como si no hubiera que respetar la decisión de ampliar esa democracia con la participación soberana de la gente, para que le apueste a nuevos caminos que desde dentro ayuden a encontrar salidas a la encrucijada que hoy vive la revolución bolivariana. Eso solo lo decidirá el propio pueblo venezolano desde las calles y sus sitios de trabajo y organización. Eso es lo que debemos respaldar y por lo mismo rechazar la intromisión violenta y fascista que desde Washington, Bogotá o los barrios ricos de Caracas se realiza a diario, a costa del dolor y la sangre de los venezolanos humildes. Lo que deseamos es una ampliación de la senda popular que se abrió en Venezuela en 1998, con la participación soberana de los sectores plebeyos. Esto es trascendental para el futuro inmediato de los proyectos anticapitalistas en nuestra América, de ahí la importancia de lo que acontece en estos momentos en la tierra de Simón Bolívar y de Hugo Chávez.

Bogotá, junio 25 de 2017

Maestro Pueblo

Los medios de comunicación privados nacionales y mundiales lo invisibilizaron, lo censuraron con alevosía. Salvo l@s revolucionari@s y amantes de paz, nadie daba crédito a lo que ocurría el domingo 16 de julio en las calles de Venezuela. La derecha tenía semanas anunciando la organización de un plebiscito ilegal, para invocar una falsa legitimidad y así abrir las compuertas definitivas al Golpe de Estado y la intervención extranjera. Quienes se arrogan el 80% de las voluntades en Venezuela, prometían en su írrita consulta 13, 15 millones de votos contra “la dictadura” y la Constituyente. Después de semejante demostración de poderío popular, lo que vendría estaba bien claro en el guión, los días de la Revolución Bolivariana estaban contados, según ellos. El Poder Electoral Venezolano, por su parte, y como tradicionalmente ha hecho, convocó el simulacro electoral, un ensayo para probar la eficiencia y engranaje del sistema electoral, con miras a la elección de la Asamblea Nacional Constituyente del próximo 30 de julio.

El hecho es que ambos procesos se efectuaron simultáneamente el domingo 16. El primero en medio de la más abrumadora ilegalidad, sin registro electoral, sin cómputos, sin totalización, absolutamente inauditable, cuyas actas y cuadernos fueron incinerados para proteger la trampa. El segundo, bajo la normativa legal de uno de los sistemas electorales más seguros y rigurosos del mundo. En todo caso, el plebiscito era una de las cartas definitivas de la contra revolución, apoyado incluso con la presencia en Venezuela de expresidentes latinoamericanos de derecha y apoyos mediáticos mundiales. El segundo, lo indica su nombre, no era más que un simulacro, un ensayo, un acto puntual de pedagogía electoral. Para sorpresa de todos, mientras los puntos de “votación” de la consulta sediciosa estaban ya vacíos a las 4pm, la unidades educativas en las que se desarrolló el Simulacro, tuvieron afluencia de pueblo hasta las 9, 10 de la noche. Para que 15 millones de personas pudieran expresarse en 1.900 puntos de la consulta opositora, las matemáticas indican que debió haber colas hasta la madrugada. No fue así. ¿Qué pasó entonces?

Pasó que el chavismo salió con toda su carga acumulada de dignidad, con todo el dolor generado por los compatriotas quemados, muertos en las guarimbas, incluyendo a los jóvenes que protestaban; con toda la rabia contenida ante la violación continua de sus derechos humanos por parte de las protestas terroristas desde el mes de abril: sus derechos al tránsito, al estudio, al trabajo, a la vida, a la paz, a la igualdad. Salió también para dar un mensaje muy claro: ninguna burguesía con ansias restauradoras nos llevará a una guerra civil, a una confrontación de pueblo contra pueblo, por más que lo hayan intentado, por más que nos hayan provocado en los últimos meses.

EL chavismo salió en Paz. Incluso podemos decir que en el simulacro participaron venezolan@s más allá del chavismo, hombres y mujeres obstinados e indignados ante la violencia generada por la derecha, que se expresaron por la Paz y el Diálogo indispensables. Fue una lección de pueblo, un baño de democracia pura, una señal inexorable del camino a seguir el próximo 30 de julio.

Cuando aún había colas en las escuelas donde se desarrolló el simulacro, voceros de la rancia derecha anunciaban los supuestos resultados de su plebiscito. Sus seguidores no podían creer lo que escuchaban. No fueron 15 millones, ni 12, ni 10, aparentemente fueron 7millones. Pero ni los propios opositores confían en la validez del número que se dio. La burguesía chocó de frente con su propia soberbia. Sin embargo, aunque debilitados, han seguido ejecutando su guión golpista. Paros, trancas, supuestos gobiernos de unidad, nombramientos inválidos de integrantes del poder público…etc…etc…etc.

Por su parte, ese pueblo llano y humilde que pasó horas votando en el simulacro, regresó en paz a sus casas, a sus estudios, trabajos, con su conciencia tranquila y con el alma reconfortada, plena de alegría, Patria, esperanza y voluntad de lucha. Ese Pueblo, que fue apenas una muestra de los millones que saldrán a elegir la opción de la Paz, democracia real y entendimiento el 30 de julio, le dará una lección inolvidable a la burguesía y al mundo entero. Venezolan@s que se han contenido durante meses. Algunos humillados y vejados por las acciones de calle racistas y clasistas de la derecha venezolana. Tod@s indignad@s, impresionad@s ante tanta perversidad y odio.

Es el pueblo trabajador, el Maestro Pueblo, que con su paciencia estratégica, ha asumido la propuesta de Asamblea Nacional Constituyente del Presidente Nicolás Maduro, como la opción por la esperanza, la paz y el futuro. Insistimos. La moraleja es clara, el Pueblo ha hablado: nadie nos llevará a una guerra civil. Nadie tiene ese derecho, ni burguesías nacionales, ni mundiales, ni arbitrarios medios de comunicación, ni torpes jefes políticos del imperio corporativo-guerrerista de turno.

El 30J cada voto será una bofetada contra la burguesía violenta y restauradora, para ponerla en su lugar a punta de pueblo. Cada voto será también un lanzazo soberano y letal contra el imperialismo, para frenar sus ínfulas anexionistas. Cada voto ratificará nuestra independencia y derecho a nuestra autodeterminación. Nada ni nadie detendrá al pueblo. Nadie podrá intimidar al bravío Pueblo de Bolívar y Chávez.

Como diría nuestro prócer José Félix Ribas. “No tenemos opción entre vencer o morir. Necesario es vencer”. ¡Venceremos!


Comparte con https://bit.ly/MaestroPueblo